CUBA PLURAL
El blog de Eduardo Mesa
30 de enero de 2012
29 de enero de 2012
25 de enero de 2012
Algunas consideraciones sobre la próxima visita del Papa a Cuba
La visita del Papa a Cuba, por su naturaleza esencialmente pastoral, constituye un bien en sí misma. Todos los cubanos perderíamos si esta visita no se llevara a cabo. El Santo Padre confirmará, Dios mediante, a los católicos cubanos en su fe y bendecirá en su 400 Aniversario la imagen de la Virgen de la Caridad que se venera en el Santuario del Cobre. Esta imagen presente otra vez en los hogares cubanos es el único símbolo de nuestra nación que el castrismo no ha podido vaciar de sentido, es la única conexión con lo mejor de nuestra historia y valores que ha quedado a salvo de la debacle castrista.
Más allá de la fe religiosa que profesemos, la devoción a la Virgen de la Caridad del Cobre es un elemento constitutivo de nuestra nacionalidad, es por tanto un regalo de Dios a nuestro pueblo, no solo a esa porción que se define como católica, sino al pueblo creyente en general e incluso a esos compatriotas que se proclaman agnósticos o ateos.
Sin embargo, el asesinato del opositor Wilman Villar Mendoza no puede ser ignorado porque el bien que se busca a largo plazo comienza también en lo inmediato, y lo inmediato es que los gobernantes cubanos han cometido un crimen, un crimen precedido de muchos crímenes, varios de ellos todavía recientes. La visita del Papa no puede separarse de ese contexto.
Sé que la Iglesia gana los espacios para todos, sé que hace un bien inmenso en el ámbito de la asistencia a los más desvalidos y que es la institución que más trabaja por impedir el envilecimiento definitivo de los cubanos de la Isla, sometidos todos a una deshumanización sistemática. Sé todas estas cosas y saberlas me produce un genuino orgullo; por eso, como católico orgulloso de la Iglesia que me ayudó a reconocer mi propia dignidad y derechos, me animo a pedir a los obispos cubanos otro bien para Cuba, que inviten al Santo Padre a tener un gesto público o privado con los demócratas cubanos, en especial con las Damas de Blanco.
Creo que ese gesto con los demócratas cubanos es un signo que necesitamos en la hora presente, cuando a veces parece que solo podemos esperar el bien que la nación necesita de parte de aquellos que hasta hoy solo han hecho el mal. Creo que es oportuno y necesario ese gesto de inclusión y de ánimo para aquellos que también han apostado a la Esperanza contra toda esperanza.
Hay compatriotas que no quieren esta visita y hay compatriotas que no creen necesario un gesto del Papa hacia aquellos que han escogido trabajar por la libertad y la justicia desde el pacífico ejercicio de sus derechos ciudadanos, son puntos de vista que respeto. Yo por mi parte, deseo vivamente que el Papa vaya a Cuba, que la Virgen sea bendecida, coronada, aclamada como Madre Santísima de todos los cubanos, pero creo con toda humildad que ese bien sería mayor si se hiciera evidente, por parte de su Santidad Benedicto VXI, el consuelo y la confirmación en la Esperanza que los demócratas cubanos justamente reclaman y necesitan. Creo además, que esa bendición que ellos anhelan, puede ser recibida dignamente por las Damas de Blanco a nombre de todos los demócratas cubanos, ellas han sido madres, esposas, hijas, atentas al sufrimiento de los suyos, como la Virgen de la Caridad del Cobre, Madre de Dios y Madre nuestra, que ha estado atenta a nuestros sufrimientos como pueblo, un pueblo que sabe de su amorosa intercesión y ora ante ella.
“A Jesús por María la caridad nos une” es el lema que los obispos cubanos han escogido. Sí, que la Caridad nos una; que tengamos esa unidad auténtica que incluya y respete a todos los cubanos, como quiera que piensen, donde quiera que vivan; sí, que la Caridad nos una; que así sea.
24 de enero de 2012
No saber
Un artículo de la escritora Rosa Montero sobre el asesinato de Wilman Villlar Mendoza y la visita del Papa
(7)
Quien hable hoy de una “nueva” revolución, o de estar identificado con la continuación del proceso revolucionario, quien no tome nota del estruendoso fracaso de la revolución rusa, no está siendo progresista ni de avanzada, está abanderándose a un pasado de violencia y opresión, a un mito pernicioso, cuya superación es imprescindible para tratar de alcanzar la paz, la libertad y la concordia que el pueblo cubano desesperadamente necesita.
Luis Aguilar León, “Reflexiones sobre Cuba y su Futuro”, Pág. 51
(6)
Lo primero que sorprendería al observador no avisado que llegase a Miami es que la mayoría de las organizaciones y personalidades del anticastrismo más militante han sido, o se han definido como revolucionarias. Muchos han llegado al punto de disputar el revolucionarismo a Castro; ¡son ellos y no Castro los auténticos revolucionarios!
Armando de Armas, “Mitos del antiexilio”, Pág. 28
22 de enero de 2012
En la Ermita de la Caridad del Cobre
Hoy en la Ermita de la Caridad fueron bendecidos, de un modo especial, los niños.
Hubo después un festival y a las tres de la tarde el párroco celebró con alegría y unción la Santa Misa.
Hoy en la Ermita confirmé la idea de que en la Iglesia no hay que hacer grandes cosas, sino aquellas que corresponden y hacerlas bien.
Hoy en la Ermita me convertí otra vez al cristianismo, redescubrí el inmenso gozo de la fe.
20 de enero de 2012
Preguntas ante la muerte de Wilman Villar Mendoza
Osvaldo estuvo en la UMAP y después cumplió otra condena de varios años que le impusieron; nunca lo dejaron estudiar, ni trabajar en paz.
José despidió a sus amigos en una celda de la Cabaña, escuchó las descargas de fusilería y supo que los habían matado, “son cosas que lo acompañan a uno siempre” me dijo, la única vez que hablamos de ese asunto . Cada dos tres meses recibía “la visita” de un oficial de MININT encargado de darle seguimiento a su “reeducación” y eso que aquellos años en la Cabaña eran ya, a esas alturas, bastante lejanos.
A Juan lo interrogaban cada semana, lo citaban en edificios altos, presionándolo para que colaborara. Un día llegó a pensar que lo mejor sería lanzarse por el balcón de alguno de aquellos edificios. Todavía mira hacia atrás cuando camina por las calles de una pequeña ciudad en el mundo libre.
A Carlos lo botaron de la Universidad por ser religioso y no pudo terminar la carrera, pero quizás lo peor no fue eso, sino escuchar los gritos de paredón que proferían los vecinos contra su padre, un próspero y apolítico empresario, siendo él un niño.
Podría hacer una enumeración aún más larga y prolija pero eso alargaría demasiado este relato que prefiero sea breve. Todos los ejemplos mencionados son obviamente de hombres; no me atrevo a contar las historias de sus esposas, madres, hermanas e hijos porque al contrario de lo que comúnmente se cree el sufrimiento de las mujeres y los niños es siempre mayor que el de los hombres.
En el día de ayer Raúl Castro, auxiliado por miembros de su pandilla, asesinó al joven Wilman Villar Mendoza. Un nuevo asesinato para esa lista de crímenes que amenaza con hacerse aún más larga. Al ver este abuso, y recordar tantos otros cometidos a lo largo de esta historia, me pregunto de dónde han sacado algunos intelectuales católicos que la Revolución y la Iglesia tienen puntos de contacto. Me pregunto también de dónde han sacado que hubo un Pacto Social en Cuba y un Consenso Post Revolucionario. Me hago esas preguntas con frecuencia y no puedo evitar enojarme al pensar de dónde, de dónde mierda sacan tanta confianza en que algo bueno vendrá, del General asesino y sus cómplices.
José despidió a sus amigos en una celda de la Cabaña, escuchó las descargas de fusilería y supo que los habían matado, “son cosas que lo acompañan a uno siempre” me dijo, la única vez que hablamos de ese asunto . Cada dos tres meses recibía “la visita” de un oficial de MININT encargado de darle seguimiento a su “reeducación” y eso que aquellos años en la Cabaña eran ya, a esas alturas, bastante lejanos.
A Juan lo interrogaban cada semana, lo citaban en edificios altos, presionándolo para que colaborara. Un día llegó a pensar que lo mejor sería lanzarse por el balcón de alguno de aquellos edificios. Todavía mira hacia atrás cuando camina por las calles de una pequeña ciudad en el mundo libre.
A Carlos lo botaron de la Universidad por ser religioso y no pudo terminar la carrera, pero quizás lo peor no fue eso, sino escuchar los gritos de paredón que proferían los vecinos contra su padre, un próspero y apolítico empresario, siendo él un niño.
Podría hacer una enumeración aún más larga y prolija pero eso alargaría demasiado este relato que prefiero sea breve. Todos los ejemplos mencionados son obviamente de hombres; no me atrevo a contar las historias de sus esposas, madres, hermanas e hijos porque al contrario de lo que comúnmente se cree el sufrimiento de las mujeres y los niños es siempre mayor que el de los hombres.
En el día de ayer Raúl Castro, auxiliado por miembros de su pandilla, asesinó al joven Wilman Villar Mendoza. Un nuevo asesinato para esa lista de crímenes que amenaza con hacerse aún más larga. Al ver este abuso, y recordar tantos otros cometidos a lo largo de esta historia, me pregunto de dónde han sacado algunos intelectuales católicos que la Revolución y la Iglesia tienen puntos de contacto. Me pregunto también de dónde han sacado que hubo un Pacto Social en Cuba y un Consenso Post Revolucionario. Me hago esas preguntas con frecuencia y no puedo evitar enojarme al pensar de dónde, de dónde mierda sacan tanta confianza en que algo bueno vendrá, del General asesino y sus cómplices.
19 de enero de 2012
(5)
Por experiencia sé que el que tiene el mando se impone a sus consejeros, y no pasa lo contrario como se supone siempre.
Orestes Ferrara, "Memorias", Pág. 10
18 de enero de 2012
2da Semana Social Católica “San Juan el Apóstol”
Del 4 al 10 de marzo de 2012 se celebrará la 2da Semana Social Católica ¨San Juan el Apóstol¨ con múltiples actividades, conferencias en el marco de la Doctrina Social de la Iglesia, plenarios abiertos a la participación y discusión de los temas.
El Comité Organizador quiere hacerlo saber por este medio e invitar a todos para que nos acompañen y participen en todos los eventos. Muy pronto daremos a conocer el programa, con los lugares, fecha y hora de cada evento.
Comité Organizador.
(4)
Contrario a lo que afirma su más reiterada propaganda, Fidel Castro no es ni nunca fue expresión de una voluntad cubana de futuro. Fidel Castro representa todo lo opuesto, representa el pasado y la reacción. Fidel Castro ha sido el último estertor vengativo de la colonia española. Es Weyler disfrazado de revolucionario.
Luis Aguilar León, “Reflexiones sobre Cuba y su Futuro”, Pág. 45
17 de enero de 2012
(3)
Cuando un gobierno para mantenerse necesita tener esas cantidades fabulosas de presos y de exiliados y ese aparato tremendo de delación y de represión, es señal evidente de que tiene en su contra a un pueblo que no se resigna a la esclavitud.
Mons. Eduardo Boza Masvidal, “Voz en el destierro”, Pág. 141
(2)
Nadie sirve a un tirano sino porque consciente o inconscientemente ha querido servirlo; por miedo, por gusto, por exaltación o por cualquier cosa.
Jorge Valls, “Filo, Contrafilo y Punta”, Pág. 143
16 de enero de 2012
(1)
Al norteamericano, a la luz de la verdad, se le puede acusar de una excesiva vanidad en materia internacional, pero no se puede afirmar que quiera abusar de nadie, ni ocupar territorios ajenos, ni exigir indemnizaciones indebidas, ni apropiarse de lo que no es suyo. En las relaciones entre las dos Américas, la sajona y la latina, desgraciadamente de ambos lados han surgido malentendidos y se han cometido errores. Cada una de las partes ha sostenido ideas y principios contrarios a los intereses de sus pueblos. Los norteamericanos han levantado la bandera de la intervención, y los latinoamericanos la han repudiado hasta el punto de cerrarle la puerta, cuando el interés de cada uno hubiera sido lo contrario.
Orestes Ferrara, "Memorias", Pág. 303
15 de enero de 2012
Un tigre
Era un tigre pequeño casi un gato, se subía al coro de los canónigos y escuchaba la misa; hasta el obispo preguntaba por el "gato piadoso".
El sacristán lo encontró muerto frente al Seminario, al borde de la acera.
Después de él vinieron otros gatos al templo, pero estos no tenían alma de tigre.
14 de enero de 2012
El consejo
La madre y la hija se acercaron para hablarle a un obispo “Padre vengo para que usted aconseje a la niña que no quiere ir con las amigas a Varadero” “Padre que nos vendría bien una entrada en divisas pero esta niña no quiere”
Y el obispo le explicó a la madre que no podía dar ese “consejo” a la “niña”; y estuvo hasta muy tarde en el Sagrario.
13 de enero de 2012
12 de enero de 2012
Para un falso silencio
En las iglesias los niños molestan y en muchas de ellas han diseñado unas peceras para albergar a la gente con niños mientras dura la misa. Estas peceras te hacen sentir en una aduana o en la antesala de un interrogatorio, pero no en una iglesia.
En las iglesias de Miami abundan estos cubículos para un falso silencio.
“Dejad que los niños vengan a mí” dijo el Maestro y a nosotros se nos ocurrió que sería conveniente hacer unas peceras.
11 de enero de 2012
Adolescentes
Tenía quince años cuando un compañero de aula le confesó que quería matarse. Le respondió a su amigo que era mejor el homicidio, que no se dejara intimidar por ningún profesor, ni por nadie: “si alguien te jode mucho métele un cabillazo”
Ayer, en las noticias, vio la condena a cuarenta años de cárcel para un muchacho que mató a otro por un pueril asunto adolescente de faldas.
Ayer, se acordó de su amigo suicida que aún vive y del peligroso consejo de un adolescente a otro.
9 de enero de 2012
23 de octubre de 2011
Chicho
El Moro cogió miedo y yo lo entiendo, pero la muerte de Chicho nunca se sabrá. Cuando le dije al Moro de meter la denuncia me embarajó la cosa con el pretexto de que Chicho siempre andaba jodiendo: “Si no se hubiera burlado de las viejas no habría pasado lo que pasó…” me dijo y quizás sea cierto.
Chicho y el Moro llegaron a Güines en el camión, eran rastreros y los rastreros tienen mujeres en todos los pueblos. Estaba andando la Guerra de Todo el Pueblo, en la que morirían cincuenta mil marines el primer día de la invasión. Los yanquis saldrían derrotados porque la opinión pública norteamericana no soportaría un nuevo Vietnam.
El Moro se fue a ver una jevita que tenía en el pueblo y Chicho se quedó dando una vuelta para hacerle la media, en la noche continuarían el viaje. En el parque de Güines un piquete de viejas vestidas de milicianas se entrenaban en matar marines yanquis con jarros de agua hirviendo. Chicho se había comprado un “rifle” de aguardiente para matar las horas y lo tenía envuelto en un cartucho, la tarde estaba buena para estar como el Moro, pensaba Chicho.
Las viejas corrían sofocadas por el calor pero continuaron con su “entrenamiento”, ahora empuñaban unos fusiles AK de calamina, disparaban proyectiles imaginarios al yanqui imaginario y se escondían detrás de unos sacos de arena sin darse cuenta que sus culos de vieja quedaban a merced del fuego enemigo. Chicho seguía bebiendo y se reía. “Si estas viejas ven a un marine se cagan… ¿Después de un bombardeo con qué coño van a calentar agua?… Mira que esta gente come mierda chicoooo….” se decía así mismo entre un buche y otro, y sus propias palabras le daban risa.
La tarde continuaba su rutina de pueblo, las viejas milicianas no se rendían ante el asedio de aquellos yanquis mal dibujados, pero empezaban a flaquear ante la risa de Chicho, que ya estaba curda y las señalaba desde un banco. Los disparos y las escaramuzas continuaron con menos ímpetu, Chicho sintió que se orinaba y comenzó a mirar a todas partes para buscar un baño. Le preguntó a un negro que había pasado un par de veces por el parque con una carretilla y el negro le hizo señas para que se callara. Un tipo que llevaba una camisita de guinga se sentó al lado de Chicho, y este, que estaba contentón, siguió con su descarga en voz alta: “Ven acá mi hermano, tú crees que esas viejas con esos culos gordos van a matar a un yanqui”. “¿Dónde habrá un baño por aquí mi hermano?” El tipo se río y levantó un periódico, tres policías llegaron para esposar a Chicho, que estaba borracho pero no hizo violencia. “Caballero que les pasa a ustedes si yo no hice nada” decía mientras se lo llevaban.
Le dieron una tranca de las buenas, no podía levantarse en el calabozo. Al otro día, a mucho rogar del Moro, y dejándole tres racimos de plátanos al carpeta, se lo dejaron llevar. Llegaron a La Habana al mediodía y murió por la tarde, el dolor en el pecho del que se quejaba en el camión era un infarto, dijo nervioso que lo cegaba una luz y su última visión fueron los flamboyanes de Carlos III, con sus ramas inundadas de flores amarillas o rojas.
Después del entierro hablé con el Moro para meter la denuncia con un socio que estaba en el brete de los Derechos Humanos, pero la familia de Chicho no quiso. Le dije entonces de hacerlo nosotros pero el Moro me dijo que me olvidara de eso, que él se lo había buscado, y yo no quise hacerlo solo porque tenía miedo.
Es verdad que si Chicho no se hubiera burlado de aquellas viejas no habría pasado nada, es verdad que siempre andaba con su risa y su jodedera, pero en las dictaduras se hace costumbre el hecho de que las víctimas siempre tienen culpa; el Moro y yo vivimos así durante mucho tiempo, nos acostumbramos a dar como cierta, esa culpa siniestra que nos siembran.
19 de octubre de 2011
Comentario del Panga sobre un chivatón “héroe”
El sindicalista Lorenzo Margullo me cuenta en un email que está muy preocupado por la suerte de Renecito, el chivatón “héroe” que cayó preso por espiar sin “licencia”. Lorenzo, por su oficio, debía saber que este país está muy reglamentado.
Con Renecito no hubo injusticia alguna, lo metieron preso por cometer un delito, luego se complicó al no colaborar con la justicia, otros chivatones del grupo colaboraron y están la calle. El amigo Lorenzo tiene “pruebas contundentes” de que al espía Gerardito lo torturan con la música de Barbra Streisand y se queja de que a Renecito también lo han torturado, porque a este espía le gusta mucho el pan con mantequilla en el desayuno, pero en la cárcel le daban leche con cereal y ese café aguachento que toman los americanos. Renecito soportó la tortura del coffee con valor, es un chivatón “héroe” de verdad, en La Habana debían hacerle un monumento que nos recuerde a todos su “heroísmo” y nos invite a preguntarnos cómo se llega a ser tan comemierda.
El sindicalista Lorenzo Margullo piensa que la vida de Renecito corre peligro, que la derecha de Miami lo puede matar en cualquier momento. Margullo vive en New York y participa de esa obsesión foránea por demonizar a este pueblo-ciudad. Si la “derecha de Miami” se decidiera a matar a todos los chivatones que pululan por nuestras calles tendríamos más muertos que en el Desembarco por Normandía.
El amigo Lorenzo no sabe, o no quiere saber, que en Miami solo hay una guerra; consiste en pagar el carro, la hipoteca y el burujón de cuentas que nos llegan semana por semana. ¿Quién va a invertir su tiempo en Renecito, si este al final de cuentas no es el peor caso? Aquí viven tranquilos y protegidos por las autoridades chivatones de mayor alcurnia; protección que se paga, dicho sea de paso, con nuestros impuestos.
Lo cierto es que Renecito el chivatón “héroe” está en la calle y ya puede tomarse un café cubano donde quiera, las mismas leyes que lo metieron preso ahora lo protegen, incluso en el Versailles. Si algún peligro corre es por sus propios jefes, esos que lo entrenaron en no sacar “licencia”, viejos y astutos jefes, que cualquier día pueden convertirlo en un chivatón “mártir”, “por la izquierda”.
10 de octubre de 2011
Predicciones sobre el futuro arzobispo de La Habana
por Eduardo Mesa
El Cardenal Jaime Ortega ha de cumplir 75 años de edad el próximo 18 de octubre y según dispone el derecho canónico tendrá que presentar su renuncia al Santo Padre. En algunos corrillos comienzan a ejecutarse apresuradas cábalas sucesorias y algunos medios interesados en el tema comienzan a realizar sus sondeos. Muchos quieren saber quién ocupará la sede vacante del Cardenal Ortega, sea por curiosidad, sea por una legítima preocupación estratégica o por la desproporcionada antipatía que aquí, en Miami, esta personalidad suscita. Como suele suceder en estos casos abundan los augurios y ya son varios los que me han preguntado sobre este asunto. Dejaré por este motivo consignadas mis predicciones, probablemente erradas.
Es pertinente aclarar que el Cardenal no decide quién puede o no ser obispo, tampoco decide quién es su sucesor. El sucesor del Cardenal será seleccionado por el mismo proceso que se utiliza para la elección de cualquier nuevo obispo. Estas designaciones son competencia del Santo Padre y del Pontificio Consejo para los Obispos, para este fin se sigue un procedimiento muy rigurosos donde se escucha el criterio de muchas personas. El resultado de estas consultas es una terna que se envía a Roma, allí es donde tienen la última palabra. Este proceso, aunque no es una elección democrática, suele ser lo suficientemente participativo para conseguir, en la mayoría de los casos, una designación acertada.
También es pertinente aclarar que el Arzobispo de la Habana, sea o no Cardenal, no tiene ninguna autoridad extraterritorial. Cada obispo gobierna su propia diócesis con total autonomía y el organismo que coordina el trabajo entre las diferentes diócesis es la Conferencia de Obispos. Este importante organismo, salvo alguna excepción que expresa el Derecho Canónico y que no se verifica en Cuba, tampoco supone una autoridad supra diocesana.
Dicho esto, me atrevo a aventurar que el próximo Arzobispo de La Habana será elegido entre los obispos actuales. Dada la complejidad del gobierno de esta Arquidiócesis es menos factible que sea un sacerdote el escogido para desempeñar dicho ministerio, aunque tampoco se puede excluir a priori esta posibilidad. Por tanto, todos los obispos actuales son en alguna medida candidatos, exceptuando obviamente a los ya jubilados o aquellos que están esperando la jubilación, como es el caso de Mons. Alfredo Petit Vergel. Insisto en la conveniencia de no desdeñar a nadie porque en la historia de la Iglesia sobran los ejemplos de las llamadas “sorpresas”.
Uno de los candidatos de más peso es Mons. Emilio Aranguren. ¿Por qué Emilio Aranguren? Es un hombre que tiene una gran capacidad de trabajo, tiene la doble cualidad de ser buen administrador y a la vez poseer una gran proyección pastoral. Ya no es el joven Obispo Auxiliar de la Diócesis de Santa Clara gobernada por el difunto Obispo Prego, ahora tiene suficiente experiencia. Fue el primer obispo de Cienfuegos y desde hace unos años es el titular de Holguín. Haber estado a cargo de estas diócesis le confiere un singular conocimiento de la situación pastoral del Centro y el Oriente del país. Por otra parte, su desempeño durante varias presidencias como Secretario Ejecutivo de la Conferencia Episcopal lo ha mantenido cerca del Occidente de la Isla y en especial, de la Iglesia habanera. De más está decir que conoce bien a los agentes-burócratas del Departamento de Asuntos Religiosos con Caridad Diego a la cabeza. Tiene cierto fogueo internacional al servicio del CELAM sirviendo de enlace con la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y Canadá.
Alguien me ha sugerido que quizás consideren a Dionisio García, actual Arzobispo de Santiago de Cuba. No es descabellado pensarlo pero yo me inclino a creer que no, eso sería “desvestir un santo” para vestir otro, que también es difícil de entallar con ropa a la medida. Pero ya les dije que en buena medida todos son candidatos, incluso Mons. Jorge Serpa, el Obispo de Pinar del Río tiene posibilidades de reeditar el itinerario episcopal Pinar-La Habana de Jaime Ortega.
Otro candidato de peso es Juan García, Arzobispo de Camagüey, de él se dice que es un hombre sereno, muy observador y espiritual, alguien que sabe apreciar el valor de las pequeñas cosas y capaz de conservar la calma en cualquier tormenta; no le vendría mal a La Habana un hombre de su carácter.
Una de las posibilidades que algunos contemplan es que el sucesor de Jaime Ortega sea un obispo cubano americano. Hay quienes piensan que si la jubilación del Cardenal coincidiera con una transición democrática, la Santa Sede pudiera jugar esta baza que –según ellos- contribuiría al encuentro de las dos orillas, impulsaría una mayor cooperación con las Iglesias de Estados Unidos y Canadá, a la vez que facilitaría el entendimiento político con el vecino del Norte. Es una tesis osada, pero no se puede afirmar que sea disparatada, aunque yo me inclino a creer que la posibilidad de un obispo cubano americano es bastante improbable.
De cualquier modo, cuando la renuncia del Cardenal Ortega sea aceptada, y esta aceptación puede demorarse el tiempo que el Santo Padre estime necesario, es que conoceremos a su sucesor. La renuncia de un Cardenal en su sano juicio y con buena salud -me decía hace poco un experto en estos temas- puede demorar varios años en ser aceptada. En las actuales circunstancias, que evidencian un reconocimiento y fortalecimiento institucional de la Iglesia sin precedente en estos años de dictadura castro comunista, comparto la opinión de que el Santo Padre no aceptará prontamente la solicitud de renuncia del Cardenal Jaime Ortega.
Si la realidad contradice mis suposiciones y el Santo Padre aceptara la renuncia del Cardenal de un modo inmediato, esto no significa necesariamente que el Cardenal va a desaparecer de los primeros planos de la política cubana. Nos guste o no, Jaime Ortega ha conseguido un peso político que lo ha convertido en actor significativo de este último acto del castrismo. Es de prever que continuará con su protagonismo en la alta política, un protagonismo que en palabras del periodista Yoel Prado, es un intento “de deshacer el nudo gordiano que prevalece en Cuba”. Un ejercicio que el Cardenal intentará mientras perciba una mínima posibilidad de éxito aunque abunden las posibilidades de fracaso.
Por otra parte, sea quien sea el sucesor del Cardenal Ortega es previsible que continúe con la línea actual de ampliación y reconocimiento de la libertad religiosa sin desafiar constantemente a los que gobiernan, una estrategia asumible dadas las circunstancias que imperan en Cuba, pero que conlleva el peligro creciente de ignorar parte de la dimensión profética inherente al Bautismo y actuar como si la Iglesia fuera un fin en sí misma. Todo parece indicar que ha comenzado una nueva etapa de las relaciones Iglesia-Estado. Esta nueva etapa se distancia de “la Iglesia del silencio” y de un momento eclesial posterior, enmarcado fundamentalmente entre el ENEC y el ECO, que se caracterizó por ejercer una “crítica constructiva” cuyo mejor exponente es la Carta Pastoral “ El Amor todo lo espera”. Si bien es cierto que el Cardenal es la figura aparentemente más comprometida con esta nueva etapa de las relaciones Iglesia-Estado - en la que parece se busca un “bien mayor” que pasa por asumir la legitimación de los que gobiernan - no podemos ignorar que esta actitud es compartida por la Conferencia Episcopal Cubana y así lo evidencia el contenido de pronunciamientos recientes.
Para concluir quiero reiterar que mis predicciones hacen reír a Dios, Señor de la Historia y también harán reír a muchos que no son Dios. Cuando nombraron a Mons. Juan de Dios Hernández obispo auxiliar de La Habana, leí un artículo que describía a Juan de Dios como un cura contestatario que iba ser una piedra en el zapato del Cardenal Ortega. El jesuita Juan de Dios Hernández, además de Auxiliar de La Habana, es desde hace tiempo el secretario ejecutivo de Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y nadie más ha hablado ni de la piedra, ni del zapato. Por cierto, se me olvidó incluir en mis predicciones a Mons. Juan de Dios Hernández.
El Cardenal Jaime Ortega ha de cumplir 75 años de edad el próximo 18 de octubre y según dispone el derecho canónico tendrá que presentar su renuncia al Santo Padre. En algunos corrillos comienzan a ejecutarse apresuradas cábalas sucesorias y algunos medios interesados en el tema comienzan a realizar sus sondeos. Muchos quieren saber quién ocupará la sede vacante del Cardenal Ortega, sea por curiosidad, sea por una legítima preocupación estratégica o por la desproporcionada antipatía que aquí, en Miami, esta personalidad suscita. Como suele suceder en estos casos abundan los augurios y ya son varios los que me han preguntado sobre este asunto. Dejaré por este motivo consignadas mis predicciones, probablemente erradas.
Es pertinente aclarar que el Cardenal no decide quién puede o no ser obispo, tampoco decide quién es su sucesor. El sucesor del Cardenal será seleccionado por el mismo proceso que se utiliza para la elección de cualquier nuevo obispo. Estas designaciones son competencia del Santo Padre y del Pontificio Consejo para los Obispos, para este fin se sigue un procedimiento muy rigurosos donde se escucha el criterio de muchas personas. El resultado de estas consultas es una terna que se envía a Roma, allí es donde tienen la última palabra. Este proceso, aunque no es una elección democrática, suele ser lo suficientemente participativo para conseguir, en la mayoría de los casos, una designación acertada.
También es pertinente aclarar que el Arzobispo de la Habana, sea o no Cardenal, no tiene ninguna autoridad extraterritorial. Cada obispo gobierna su propia diócesis con total autonomía y el organismo que coordina el trabajo entre las diferentes diócesis es la Conferencia de Obispos. Este importante organismo, salvo alguna excepción que expresa el Derecho Canónico y que no se verifica en Cuba, tampoco supone una autoridad supra diocesana.
Dicho esto, me atrevo a aventurar que el próximo Arzobispo de La Habana será elegido entre los obispos actuales. Dada la complejidad del gobierno de esta Arquidiócesis es menos factible que sea un sacerdote el escogido para desempeñar dicho ministerio, aunque tampoco se puede excluir a priori esta posibilidad. Por tanto, todos los obispos actuales son en alguna medida candidatos, exceptuando obviamente a los ya jubilados o aquellos que están esperando la jubilación, como es el caso de Mons. Alfredo Petit Vergel. Insisto en la conveniencia de no desdeñar a nadie porque en la historia de la Iglesia sobran los ejemplos de las llamadas “sorpresas”.
Uno de los candidatos de más peso es Mons. Emilio Aranguren. ¿Por qué Emilio Aranguren? Es un hombre que tiene una gran capacidad de trabajo, tiene la doble cualidad de ser buen administrador y a la vez poseer una gran proyección pastoral. Ya no es el joven Obispo Auxiliar de la Diócesis de Santa Clara gobernada por el difunto Obispo Prego, ahora tiene suficiente experiencia. Fue el primer obispo de Cienfuegos y desde hace unos años es el titular de Holguín. Haber estado a cargo de estas diócesis le confiere un singular conocimiento de la situación pastoral del Centro y el Oriente del país. Por otra parte, su desempeño durante varias presidencias como Secretario Ejecutivo de la Conferencia Episcopal lo ha mantenido cerca del Occidente de la Isla y en especial, de la Iglesia habanera. De más está decir que conoce bien a los agentes-burócratas del Departamento de Asuntos Religiosos con Caridad Diego a la cabeza. Tiene cierto fogueo internacional al servicio del CELAM sirviendo de enlace con la Conferencia Episcopal de Estados Unidos y Canadá.
Alguien me ha sugerido que quizás consideren a Dionisio García, actual Arzobispo de Santiago de Cuba. No es descabellado pensarlo pero yo me inclino a creer que no, eso sería “desvestir un santo” para vestir otro, que también es difícil de entallar con ropa a la medida. Pero ya les dije que en buena medida todos son candidatos, incluso Mons. Jorge Serpa, el Obispo de Pinar del Río tiene posibilidades de reeditar el itinerario episcopal Pinar-La Habana de Jaime Ortega.
Otro candidato de peso es Juan García, Arzobispo de Camagüey, de él se dice que es un hombre sereno, muy observador y espiritual, alguien que sabe apreciar el valor de las pequeñas cosas y capaz de conservar la calma en cualquier tormenta; no le vendría mal a La Habana un hombre de su carácter.
Una de las posibilidades que algunos contemplan es que el sucesor de Jaime Ortega sea un obispo cubano americano. Hay quienes piensan que si la jubilación del Cardenal coincidiera con una transición democrática, la Santa Sede pudiera jugar esta baza que –según ellos- contribuiría al encuentro de las dos orillas, impulsaría una mayor cooperación con las Iglesias de Estados Unidos y Canadá, a la vez que facilitaría el entendimiento político con el vecino del Norte. Es una tesis osada, pero no se puede afirmar que sea disparatada, aunque yo me inclino a creer que la posibilidad de un obispo cubano americano es bastante improbable.
De cualquier modo, cuando la renuncia del Cardenal Ortega sea aceptada, y esta aceptación puede demorarse el tiempo que el Santo Padre estime necesario, es que conoceremos a su sucesor. La renuncia de un Cardenal en su sano juicio y con buena salud -me decía hace poco un experto en estos temas- puede demorar varios años en ser aceptada. En las actuales circunstancias, que evidencian un reconocimiento y fortalecimiento institucional de la Iglesia sin precedente en estos años de dictadura castro comunista, comparto la opinión de que el Santo Padre no aceptará prontamente la solicitud de renuncia del Cardenal Jaime Ortega.
Si la realidad contradice mis suposiciones y el Santo Padre aceptara la renuncia del Cardenal de un modo inmediato, esto no significa necesariamente que el Cardenal va a desaparecer de los primeros planos de la política cubana. Nos guste o no, Jaime Ortega ha conseguido un peso político que lo ha convertido en actor significativo de este último acto del castrismo. Es de prever que continuará con su protagonismo en la alta política, un protagonismo que en palabras del periodista Yoel Prado, es un intento “de deshacer el nudo gordiano que prevalece en Cuba”. Un ejercicio que el Cardenal intentará mientras perciba una mínima posibilidad de éxito aunque abunden las posibilidades de fracaso.
Por otra parte, sea quien sea el sucesor del Cardenal Ortega es previsible que continúe con la línea actual de ampliación y reconocimiento de la libertad religiosa sin desafiar constantemente a los que gobiernan, una estrategia asumible dadas las circunstancias que imperan en Cuba, pero que conlleva el peligro creciente de ignorar parte de la dimensión profética inherente al Bautismo y actuar como si la Iglesia fuera un fin en sí misma. Todo parece indicar que ha comenzado una nueva etapa de las relaciones Iglesia-Estado. Esta nueva etapa se distancia de “la Iglesia del silencio” y de un momento eclesial posterior, enmarcado fundamentalmente entre el ENEC y el ECO, que se caracterizó por ejercer una “crítica constructiva” cuyo mejor exponente es la Carta Pastoral “ El Amor todo lo espera”. Si bien es cierto que el Cardenal es la figura aparentemente más comprometida con esta nueva etapa de las relaciones Iglesia-Estado - en la que parece se busca un “bien mayor” que pasa por asumir la legitimación de los que gobiernan - no podemos ignorar que esta actitud es compartida por la Conferencia Episcopal Cubana y así lo evidencia el contenido de pronunciamientos recientes.
Para concluir quiero reiterar que mis predicciones hacen reír a Dios, Señor de la Historia y también harán reír a muchos que no son Dios. Cuando nombraron a Mons. Juan de Dios Hernández obispo auxiliar de La Habana, leí un artículo que describía a Juan de Dios como un cura contestatario que iba ser una piedra en el zapato del Cardenal Ortega. El jesuita Juan de Dios Hernández, además de Auxiliar de La Habana, es desde hace tiempo el secretario ejecutivo de Conferencia de Obispos Católicos de Cuba y nadie más ha hablado ni de la piedra, ni del zapato. Por cierto, se me olvidó incluir en mis predicciones a Mons. Juan de Dios Hernández.
29 de septiembre de 2011
Crónicas de bronce y espuma
por Armando Añel
Uno de esos libros deliciosos que uno ve llegar de lejos, pero disfruta de cerca, es sin duda la sorprende colección narrativa El bronce vale (Editorial Silueta, Miami, 2011). Llenos de gracia e imaginación, retratos íntimos de una vida pública trashumante --la del ganado en la finca de los hermanos Castro--, los cuentos y crónicas de Eduardo Mesa recrean el paladar especializado como uno de esos platos de lujo que uno descubre sólo en la madurez, y sólo cuando abandona la fonda natal.
Pero también el paladar no tan especializado: la narrativa de Mesa clasifica “para todas las edades”, esto es, para todos los gustos y condicionamientos literarios. Sobre este libro, enmarcado en la realidad insular, puede decirse que se ve mejor cuando se ve desde afuera, como le pasa a ciertos ajedrecistas. El autor de El bronce vale y otras crónicas ve de lejos y encuentra la combinación perfecta para “matar la partida”: una mirada desprejuiciada y quirúrgica sobre “la patria” desgraciada pone las cosas en su sitio, a los cubanos en su salsa.
Alguien, superficialmente, podría esperar de Eduardo Mesa un enfoque narrativo más laudatorio, conservador o diplomático, dada su condición profesional: Fundador y coordinador de varias publicaciones relacionadas con la fe católica, el autor ha pertenecido a los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium. Pero no: este cuaderno desalmidonado se lee de un tirón, con agradecimiento, placer y fluidez. El bronce vale, pero también la ola, la graciosa calidez de la espuma sobre la playa.
Tomado de: http://neoclubpress.com/cultura/critica/2073-cronicas-de-bronce-y-espuma.html
Uno de esos libros deliciosos que uno ve llegar de lejos, pero disfruta de cerca, es sin duda la sorprende colección narrativa El bronce vale (Editorial Silueta, Miami, 2011). Llenos de gracia e imaginación, retratos íntimos de una vida pública trashumante --la del ganado en la finca de los hermanos Castro--, los cuentos y crónicas de Eduardo Mesa recrean el paladar especializado como uno de esos platos de lujo que uno descubre sólo en la madurez, y sólo cuando abandona la fonda natal.
Pero también el paladar no tan especializado: la narrativa de Mesa clasifica “para todas las edades”, esto es, para todos los gustos y condicionamientos literarios. Sobre este libro, enmarcado en la realidad insular, puede decirse que se ve mejor cuando se ve desde afuera, como le pasa a ciertos ajedrecistas. El autor de El bronce vale y otras crónicas ve de lejos y encuentra la combinación perfecta para “matar la partida”: una mirada desprejuiciada y quirúrgica sobre “la patria” desgraciada pone las cosas en su sitio, a los cubanos en su salsa.
Alguien, superficialmente, podría esperar de Eduardo Mesa un enfoque narrativo más laudatorio, conservador o diplomático, dada su condición profesional: Fundador y coordinador de varias publicaciones relacionadas con la fe católica, el autor ha pertenecido a los consejos de redacción de las revistas Palabra Nueva y Vivarium. Pero no: este cuaderno desalmidonado se lee de un tirón, con agradecimiento, placer y fluidez. El bronce vale, pero también la ola, la graciosa calidez de la espuma sobre la playa.
Tomado de: http://neoclubpress.com/cultura/critica/2073-cronicas-de-bronce-y-espuma.html
15 de agosto de 2011
Comunicado del Panga sobre una conferencia del profesor Clemencio Agramonte
Mi buen amigo el profesor Clemencio Agramonte dice que la Revolución sigue en Cuba pero el revolucionario está Miami desde el 59, con el humor negro que lo caracteriza se apropia del apotegma de Enrisco (1) y nos regala esta variación.
Asegura Agramonte que los batistianos le espesan la sangre, pero los paladines de la Revolución traicionada le cocinan el hígado. Se refiere el profesor: “a esos tira tiros que perdieron con los otros tira tiros y se pasan la vida hablando de la traición de Fidel. De más está decir que ambos grupos tenían nobles ideales, los que perdieron y los que ganaron, a los primeros hay que concederles el beneficio de la duda, de los segundos ya sabemos lo que han hecho con todos los demás”. Clemencio, al ser historiador de oficio, no puede sustraerse a la exactitud y con frecuencia puntualiza el hecho de que fueron los batistianos quienes llegaron primero a Miami y unos meses después los revolucionarios de pura cepa.
Este intelectual afirma que en Miami, además del “revolucionario” y el “hombre nuevo”, pululan los chivatones de las más variadas especies, pero ese tema lo va a dejar para otra ocasión. Es que Agramonte está obsesionado con los revolucionarios históricos y en oposición a ellos expresa que “a él Fidel Castro nunca lo traicionó, ni le quitó otra cosa que no fuera la libertad y la esperanza”.
Las tesis de Clemencio se pueden ubicar en la corriente rupturista de los intelectuales no batistianos, no revolucionarios, no hombres nuevos, ni chivatones, nacidos por un fatal accidente en algún capítulo de la Revolución, ese desastre multifactorial que ha marcado la vida de millones de cubanos. Una ruptura que quiere coger los héroes y los símbolos patrios para la jodedera, algo con lo que no estoy de acuerdo pero que tampoco me va a llevar a perder la amistad de nadie.
Esta conferencia, que fue dictada en el Club de Palomeros de Flager, contó con la asistencia de numeroso público, un público que no sabía qué hacer porque Clemencio no dejó títere con cabeza en su charla, le dio leña a los comunistas tapiñados, a los anticastristas que no habían conseguido la invasión y a todos los gobiernos republicanos y demócratas, estuvo a punto de sacar un machete pero se lo prohibieron en nombre de los reglamentos del Club.
El Club de Palomeros de Flager es una institución emergente de la nueva civilidad, un claro ejemplo de que los exiliados de ahora comienzan a organizarse en torno a cosas ajenas a la política. Su cordón umbilical con otras instituciones del exilio se reduce a un busto de Martí en el salón de actos, pues según ciertos versos apócrifos descubiertos hace poco por el musicólogo Helio Orovio, el Apóstol de nuestra Independencia también le descargaba a las palomas. Si Clemencio pudo dictar la conferencia en el Club se debe a que él también es palomero y paga la membrecía, pero dudo que lo vuelvan a invitar porque a los palomeros de Flager los vira y bota de nuestra historia los tienen sin cuidado, a ellos lo que más le interesa en estos momentos es la genealogía de Mustafá, un palomo muy famoso del Cerro.
Espero que muy pronto el profesor Clemencio Agramonte pueda dictar su conferencia sobre la otra variación del apotegma de Enrisco: La Revolución en Cuba y el chivatón en Miami. No sé si le darán un chance en el Club o tendrá que meterse en el Arepazo, emblemático local antichavista en la ciudad del Doral. Sea cual sea el lugar iré a escuchar su charla porque Clemencio, además de ser el único intelectual que conozco, cría tremendas palomas y es mi jefe.
(Eduardo Mesa http://www.lacasacuba.com/)
9 de agosto de 2011
Papote Omoni
Era sábado, pero aun así me levanté temprano y después del café me fui a ver las palomas. El último cuartón del palomar terminaba en el muro y daba al Callejón. No había un alma en la calle, solté las mensajeras y me quedé mirándolas hasta que las perdí de vista por el Hospital Hermanos Ameijeiras, era un bando de machos empedrados y negros.
Entré otra vez al palomar y me entretuve revisando los nidos, había huevos negros porque hubo un día entre semana que tronó mucho. Estaba botando los huevos cuando escuché los gritos de una mujer. El Callejón ya no estaba tranquilo, en medio de un charco de sangre estaba el palestino marido de Janet, un tipo que había sido fiana y se ganaba la vida mecaniqueando grabadoras.
Al poco rato llegaron las patrullas, la ambulancia. La sangre seguía el itinerario que deja el agua por el borde del contén hasta la alcantarilla. Daniel el gordo me dijo más tarde que le habían metido uno solo y que soltó más sangre que un puerco. En el Callejón era fácil morirse, el Tony cayó redondo jugando dominó por una cosa que, según dicen, le dieron a beber; Chocolote por un tiro en la espalda y de una puñalada, el palestino bacán de Janet.
Nunca fui asiduo al Callejón, no me gustan los lugares donde es fácil morirse, el Tony era mi socio y se murió jovencito. A Chocolate lo iban a matar cualquier día porque jugaba y no pagaba, pero el último muerto era distinto. El oriental era un tipo tranquilo, un luchador, vino para La Habana de policía porque era la única forma de salir de aquel campo, estuvo un tiempo en la patrulla hasta que se instaló con Janet y pidió la baja. Hasta ese instante todo lo había hecho bien, todo hasta el viernes antes, en que cruzó la vista con Papote entrando al Callejón.
Cruzarse con Papote Omoni era una desgracia, más que un delincuente era un asesino, el Luca Brasi de nadie suelto en La Habana. El Pipo y Mamita, sus hermanos, estudiaron conmigo y eran nobles, pero Papote era distinto desde chamaco. El mayor de los Mata me llamó preocupado una tarde porque yo le había cogido un palomo a Papote. “Suéltaselo porque te vas a salar por un palomo”. Se lo solté enseguida y no hubo lío, pero por menos que eso Papote mataba.
A un noviecito que tenía Mamita le metió un navajazo en el cuello. Llegó a la casa y preguntó: “Oye, ¿este qué hace aquí?” “Está conmigo Papote” le respondió Mamita haciéndose la graciosa; entonces, sin mediar más palabra se pegó al bárbaro y le metió un tajazo en el cuello. El tipo se salvó porque la navaja no agarró la arteria pero estaba en candela cuando se lo llevaron. Mamita le hizo la cruz para siempre a Papote, que tuvo que esconderse, pero volvía al barrio de vez en cuando.
Papote andaba solo y mataba solo, pero los muertos que iba dejando a su paso se sabían porque todo se sabe. Tenía mujeres en el Barrio de Colón, en el Cotorro, en Mantilla y sabe Dios en cuantos lugares más. Una vez me lo encontré en los Sitios y me dijo que le tirara un salve en la bicicleta, lo llevé hasta los Precios Fijos y sentí la muerte en mi espalda hasta que se bajó. “Dile al Pipo que me viste”, fue la despedida. “No hay lío Papote, yo se lo digo” y salí echando sin mirar a atrás. No sé por dónde cogió después ni me importa.
Un día nos enteramos que Papote estaba preso pendiente de juicio, había matado a un tipo gerente de un CUPET por una cadena y lo trabaron de casualidad. En el barrio mucha gente respiró tranquila cuando se enteró. Papote llegaba a casa de los Mata como una sombra y había que dejarlo jugar, los Mata no dejaban de mirar el reloj y el personal estaba nervioso hasta que Papote se iba, a los Mata los respetaba un poco pero en otros lugares le quitaba el dinero a la gente y formaba lío.
Janet fue al juicio como testigo para contar la muerte de su marido. Papote mató al oriental porque no le gustó su mirada. El Pipo también estuvo en el juicio, escuchó la sentencia de su hermano con la tranquilidad propia del que sabe lo que va a suceder. “Sé que tarde o temprano lo van a matar”, me confesó un día, “es mi hermano, pero es un asesino”.
A Papote lo condenaron a muerte, no dijeron la fecha pero le iban a dar “palito” en breve. Pasados unos meses, Pipo subió a comprarme unos pichones y hablaba de Papote como si estuviera vivo. Debía estar muerto ya pero ni Pipo, ni Mamita lo reconocían, entonces surgió el comentario de que le habían conmutado la pena de muerte, que la condena de treinta años se la iban a bajar a diez, que si le echaban diez le daban pase…
No creo que esté vivo pero hay gente en el barrio que lo cree, incluso algunos afirman que lo han visto. Vivo o muerto no tenemos deuda, le solté el dichoso palomo que le cogí y después de eso le di el salve en la bicicleta y no pasó nada, aunque siempre le pido a los santos no tener que encontrarme con él. El palestino marido de Janet tampoco le debía y recibió una puñalá por gusto; con Papote, al final, no hay nada escrito y puede desgraciarte una mirada.
(Por Eduardo Mesa http://www.lacasacuba.com/ )
4 de agosto de 2011
Entre abrir y cerrar en la encrucijada cubana
Por Eduardo Mesa
La polémica generada por la iniciativa del congresista Mario Díaz-Balart que pretende limitar los viajes y el envío de remesas a Cuba ha hecho que recuerde los relatos bélicos de mi abuelo; él me contaba las hazañas de los barcos de guerra americanos en la Segunda Guerra Mundial y yo soñaba con que llegarían a librarnos de aquella vida gris bajo el castrismo. Soñaba con un acorazado llamado “de bolsillo” que había hundido los barcos del Führer y ahora llegaba a la Bahía de La Habana metiendo cañonazos para así terminar la larga pesadilla de haber nacido en una tiranía. Pero los barcos que abuelo presagiaba no llegaron y la Isla continúa en un amargo amanecer sin futuro.
El régimen de los hermanos Castro amenaza con superar los cincuenta y tres años, mientras tanto los cubanos de la Isla y del Exilio seguimos entrampados en unas circunstancias muy curiosas, los que optan por cerrar como el congresista MDB no pueden hacerlo del todo, el llamado Embargo –que algunos han convertido además en vara de medir el patriotismo - con su consecuencia de prohibiciones no consigue el ahogo de un régimen que sube la parada ante cualquier “embestida” del “Imperialismo y la Mafia de Miami”. Lo cierto es que Cuba es uno de los países que más alimentos y productos derivados de la agricultura importa de Estados Unidos, tanto es así, me contaba hace poco un amigo, “que hasta el papel del Granma viene de U.S.A.”. Esta relación económica entre el “Imperio” y la “Isla Bloqueada” se ha mantenido con varios gobiernos republicanos y demócratas.
Por otra parte, no tengo la menor duda de que los Estados Unidos de América apuestan por la libertad y la democracia en Cuba, sólo que esta apuesta, como el sentido común indica, está subordinada a los intereses de la nación americana. Es comprensible que a ningún gobierno, ni republicano, ni demócrata, le interese una desestabilización inmediata del castrismo mientras las interrogantes superen a las certezas respecto a lo que pudiera suceder si ocurre una rebelión popular con su inevitable secuela de violencia. Es por eso que me inclino a pensar que cualquier gobierno americano ante una situación como la antes descrita estará más inclinado a enviar ayuda humanitaria de emergencia a los que gobiernan en La Habana que a llamar por teléfono a tan nefastos personajes e indicarles que deben tomar el próximo vuelo.
Amén de estas especulaciones, lo que sí puedo afirmar en base a mi experiencia de haber vivido en Cuba durante treinta años, es que en los tiempos de mayor aislamiento fue más grande la sensación de abandono, de impotencia y desesperanza. El aislamiento ha sido una de las herramientas más eficaces del régimen para lograr su supervivencia en el poder, los Castro han auspiciado este aislamiento y medidas similares a las que el congresista MDB propone han funcionado a favor de la tiranía. Esto me hace pensar que las medidas que el congresista MDB impulsa sólo conseguirán prolongar la permanencia de los hermanos Castro en el poder y aumentar el desaliento y la fatiga de un pueblo esclavo.
Los que abogan por cerrar deben tener en cuenta que en la desesperanza se hace más difícil construir alternativas y fórmulas para el cambio; un cambio que preserve una sana soberanía y que permita reencontrar, sin más frustraciones, la senda de la democracia y el progreso. El pueblo cubano necesita esperanza porque en ella es donde mejor puede el hombre hacerse con las riendas de su destino y abandonar el miedo para el bien.
En este empantanamiento de la política exterior de los Estados Unidos hacia Cuba los que optamos por abrir tampoco hemos logrado mucho, MDB y sus colegas cubano-americanos, tanto en el Congreso como en el Senado, han conseguido impedir y limitar la estrategia de la apertura. Reitero que da igual si son republicanos o demócratas, porque demócrata es el Senador Bob Menéndez uno de los más verticales oponentes a la flexibilización de cualquier medida restrictiva.
También es cierto que aquellos que preferimos abrir no hemos sabido motivar a ese exilio que viaja a la Isla para que se comprometa en la gestión de la libertad, ninguna organización política, cívica o religiosa genera una acción formativa en valores cívicos destinada a este nuevo exilio. Nos apuramos en criticar las carencias de los que llegan pero ignoramos sus motivaciones y valores, son tantas nuestras prevenciones y prejuicios que no se nos ocurre pensar en ellos como actores del cambio que tanto anhelamos.
Por el momento los intereses que abogan por cerrar sin cerrar del todo siguen ganando a los que intentan abrir en mayor o menor medida. Así se nos va el tiempo sin ensayar un cierre verdadero o una apertura real, esperando esto o aquello de gobiernos republicanos y demócratas, sin explorar a fondo las posibilidades de ganarle al castrismo.
El compatriota MDB representa a los intereses que apuestan por cerrar sin cerrar del todo, que no es cerrar como quería mi abuelo; otros, entre los que me cuento, apostamos por abrir en mayor o menor medida. Todos sin distinción seguimos distraídos por el encanto de las escaramuzas. El tiempo pasa, el abatimiento y el deterioro de nuestra gente crece, pero no conseguimos librar ninguna batalla y la Isla permanece a la espera de algo, flotando en la grisura, con una tiranía que se ríe de nosotros y un pueblo que amanece sin tiempo a la esperanza.
La polémica generada por la iniciativa del congresista Mario Díaz-Balart que pretende limitar los viajes y el envío de remesas a Cuba ha hecho que recuerde los relatos bélicos de mi abuelo; él me contaba las hazañas de los barcos de guerra americanos en la Segunda Guerra Mundial y yo soñaba con que llegarían a librarnos de aquella vida gris bajo el castrismo. Soñaba con un acorazado llamado “de bolsillo” que había hundido los barcos del Führer y ahora llegaba a la Bahía de La Habana metiendo cañonazos para así terminar la larga pesadilla de haber nacido en una tiranía. Pero los barcos que abuelo presagiaba no llegaron y la Isla continúa en un amargo amanecer sin futuro.
El régimen de los hermanos Castro amenaza con superar los cincuenta y tres años, mientras tanto los cubanos de la Isla y del Exilio seguimos entrampados en unas circunstancias muy curiosas, los que optan por cerrar como el congresista MDB no pueden hacerlo del todo, el llamado Embargo –que algunos han convertido además en vara de medir el patriotismo - con su consecuencia de prohibiciones no consigue el ahogo de un régimen que sube la parada ante cualquier “embestida” del “Imperialismo y la Mafia de Miami”. Lo cierto es que Cuba es uno de los países que más alimentos y productos derivados de la agricultura importa de Estados Unidos, tanto es así, me contaba hace poco un amigo, “que hasta el papel del Granma viene de U.S.A.”. Esta relación económica entre el “Imperio” y la “Isla Bloqueada” se ha mantenido con varios gobiernos republicanos y demócratas.
Por otra parte, no tengo la menor duda de que los Estados Unidos de América apuestan por la libertad y la democracia en Cuba, sólo que esta apuesta, como el sentido común indica, está subordinada a los intereses de la nación americana. Es comprensible que a ningún gobierno, ni republicano, ni demócrata, le interese una desestabilización inmediata del castrismo mientras las interrogantes superen a las certezas respecto a lo que pudiera suceder si ocurre una rebelión popular con su inevitable secuela de violencia. Es por eso que me inclino a pensar que cualquier gobierno americano ante una situación como la antes descrita estará más inclinado a enviar ayuda humanitaria de emergencia a los que gobiernan en La Habana que a llamar por teléfono a tan nefastos personajes e indicarles que deben tomar el próximo vuelo.
Amén de estas especulaciones, lo que sí puedo afirmar en base a mi experiencia de haber vivido en Cuba durante treinta años, es que en los tiempos de mayor aislamiento fue más grande la sensación de abandono, de impotencia y desesperanza. El aislamiento ha sido una de las herramientas más eficaces del régimen para lograr su supervivencia en el poder, los Castro han auspiciado este aislamiento y medidas similares a las que el congresista MDB propone han funcionado a favor de la tiranía. Esto me hace pensar que las medidas que el congresista MDB impulsa sólo conseguirán prolongar la permanencia de los hermanos Castro en el poder y aumentar el desaliento y la fatiga de un pueblo esclavo.
Los que abogan por cerrar deben tener en cuenta que en la desesperanza se hace más difícil construir alternativas y fórmulas para el cambio; un cambio que preserve una sana soberanía y que permita reencontrar, sin más frustraciones, la senda de la democracia y el progreso. El pueblo cubano necesita esperanza porque en ella es donde mejor puede el hombre hacerse con las riendas de su destino y abandonar el miedo para el bien.
En este empantanamiento de la política exterior de los Estados Unidos hacia Cuba los que optamos por abrir tampoco hemos logrado mucho, MDB y sus colegas cubano-americanos, tanto en el Congreso como en el Senado, han conseguido impedir y limitar la estrategia de la apertura. Reitero que da igual si son republicanos o demócratas, porque demócrata es el Senador Bob Menéndez uno de los más verticales oponentes a la flexibilización de cualquier medida restrictiva.
También es cierto que aquellos que preferimos abrir no hemos sabido motivar a ese exilio que viaja a la Isla para que se comprometa en la gestión de la libertad, ninguna organización política, cívica o religiosa genera una acción formativa en valores cívicos destinada a este nuevo exilio. Nos apuramos en criticar las carencias de los que llegan pero ignoramos sus motivaciones y valores, son tantas nuestras prevenciones y prejuicios que no se nos ocurre pensar en ellos como actores del cambio que tanto anhelamos.
Por el momento los intereses que abogan por cerrar sin cerrar del todo siguen ganando a los que intentan abrir en mayor o menor medida. Así se nos va el tiempo sin ensayar un cierre verdadero o una apertura real, esperando esto o aquello de gobiernos republicanos y demócratas, sin explorar a fondo las posibilidades de ganarle al castrismo.
El compatriota MDB representa a los intereses que apuestan por cerrar sin cerrar del todo, que no es cerrar como quería mi abuelo; otros, entre los que me cuento, apostamos por abrir en mayor o menor medida. Todos sin distinción seguimos distraídos por el encanto de las escaramuzas. El tiempo pasa, el abatimiento y el deterioro de nuestra gente crece, pero no conseguimos librar ninguna batalla y la Isla permanece a la espera de algo, flotando en la grisura, con una tiranía que se ríe de nosotros y un pueblo que amanece sin tiempo a la esperanza.
29 de junio de 2011
Evocación
Miami-Junio del 2007
Hoy se celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, recuerdo que me levantaba muy temprano y caminaba hasta la Catedral de La Habana, mi parroquia, para preparar las cosas y ultimar todos los detalles de esa celebración. En un día así es inevitable que recuerde a mi amigo el P. Salvador Riverón, que se paraba en el atrio para ver si estaban los bancos y candelabros en perfecta simetría, si la raída alfombra no dejaba escapar una curva. Un santo celoso de la geometría y de la Iglesia como de una novia, un obispo que muere joven y nos deja con el sabor de la orfandad.
Cuando llegué a la Catedral tenía dieciséis años y se acababa de celebrar el ENEC, es un recuerdo vago porque a veces me parece que fue un poco antes. No era el lugar que un joven escogería, iba muy poca gente y la mayoría eran esas viejitas que se han ido del mismo modo que caen los pétalos. Esas señoras que no se amedrentaron ante las bestias rezaban un rosario, te regalaban una estampa y cuidaban la Fe; a mí rezar me parecía una pérdida de tiempo, pero ellas sabían que el tiempo de Dios es otro y también rezaban por mí.
Allí crecí, crecimos, un grupo que nunca fue grande, que intentaba sobrevivir en un ambiente de socialismo eterno. Recuerdo aquellas tardes de sillón con el parróco adusto, hablando de mil cosas que nos llevaban inexorablemente al tema de la Verdad, a la urgencia de la búsqueda, al Misterio, y después de tanta hondura yo me sentía el mismo, con las mismas miserias, pero la paciencia de los santos hace que el agua pueda horadar la roca y hacerle al menos una pequeña marca.
De aquellas tardes me ha quedado para siempre la alegría de un gran descubrimiento: yo podía ser, existía otro mundo al margen de ese mundo obligado. Ser en Cuba, existir en Cuba, y luego descubro que es difícil en todas partes, que a todos nos toca sufrir el anonimato, la indiferencia, la desconfianza, la soledad y todo lo que ronda cualquier exilio; pero nadie, nada me puede quitar que respire profundo y diga: estoy aquí mi Dios, ante ti.
Hoy trabajé todo el día y me hubiera gustado ir a misa, hoy en la Catedral entonarán "Pueblo de Reyes, Asamblea Santa, Pueblo de Dios, Bendice a tu Señor" y el turiferario esparcirá el incienso. Recuerdo que el Padre Salvador tenía guardado una cajita de incienso del Monte Athos para las grandes celebraciones y se enojaba si lo ponían en una celebración ordinaria, pero nunca se enojó tanto como el día que nos robaron el copón del sagrario con el Santísimo Sacramento. Qué enojo y desesperación en aquel hombre que no podía recuperar el pan consagrado, perdido bajo su custodia y la mía. Varios años después en el 1998 cuando tuvo lugar la visita del Papa logré resarcirlo en alguna medida por aquel disgusto. En una de las tiendas de campaña que se colocaron en la Plaza quedaron abandonados varios cálices con formas consagradas, llegué a la Casa Sacerdotal con una caja llena de aquellas copas y quiero pensar que el alivio que vi en su rostro al entregarle aquel tesoro compensaba el pesar por el copón perdido.
El día que supe de su nombramiento como obispo auxiliar de La Habana me alegré mucho, al mediodía fui a felicitarlo y estaba contento, tenía luz en el sereno rostro. Nunca olvidaré su consagración episcopal y esa sensación que aquello que estaba sucediendo era algo que debía ocurrir y ocurría para bien. No me atrevo a preguntarle a Dios por qué le llamó así, tan duro, tan pronto.
Unos días antes de su repentina enfermedad y muerte, en el Primer Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos el Padre pronunció una conferencia titulada "La Cuestión de la Verdad" y sin quererlo, dejaba escrito su testamento intelectual. Recuerdo que le regalé un temprano ejemplar de la Veritatis Splendor (El brillo de la verdad), porque yo regresaba de España y en esos días el diario ABC la había publicado, Juan Pablo II y él coincidían en la misma obsesión. "Si la libertad se transforma en un absoluto, si no está referida y subordinada a la verdad, desaparece como libertad y se convierte en arbitrariedad absoluta (...) es el imperio de la fuerza... ¨ Esas palabras de Juan Pablo II destacaban en su último esfuerzo pedagógico, las escuché mil veces en el aula, en el pulpito, y regresan a mi memoria con asentimiento, tenía razón el párroco misericordioso, una razón que compruebo día a día y me salva.
A veces sueño que estoy sentado en un banco de la Catedral en la tarde, cuando la luz cae desde los vitrales y se queda quieta en los bancos de caoba, va a comenzar la misa del martes o del jueves a las ocho, la misa de unos pocos y rezo al fin, como aquellas señoras que no perdían el tiempo. Todos los días le encomiendo a mi amigo, a mi párroco, que no me pierda de vista cuando salgo en el carro, casi siempre le digo: mira por los niños, que no sea nada la erupción, la fiebre, mira por nosotros, pon ante Dios estas cosas que me inquietan, que estemos bien, que no falte el trabajo, que se haga ( y ayúdame a aceptarlo) la voluntad de Dios.
(Eduardo Mesa www.lacasacuba.com)
Hoy se celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, recuerdo que me levantaba muy temprano y caminaba hasta la Catedral de La Habana, mi parroquia, para preparar las cosas y ultimar todos los detalles de esa celebración. En un día así es inevitable que recuerde a mi amigo el P. Salvador Riverón, que se paraba en el atrio para ver si estaban los bancos y candelabros en perfecta simetría, si la raída alfombra no dejaba escapar una curva. Un santo celoso de la geometría y de la Iglesia como de una novia, un obispo que muere joven y nos deja con el sabor de la orfandad.
Cuando llegué a la Catedral tenía dieciséis años y se acababa de celebrar el ENEC, es un recuerdo vago porque a veces me parece que fue un poco antes. No era el lugar que un joven escogería, iba muy poca gente y la mayoría eran esas viejitas que se han ido del mismo modo que caen los pétalos. Esas señoras que no se amedrentaron ante las bestias rezaban un rosario, te regalaban una estampa y cuidaban la Fe; a mí rezar me parecía una pérdida de tiempo, pero ellas sabían que el tiempo de Dios es otro y también rezaban por mí.
Allí crecí, crecimos, un grupo que nunca fue grande, que intentaba sobrevivir en un ambiente de socialismo eterno. Recuerdo aquellas tardes de sillón con el parróco adusto, hablando de mil cosas que nos llevaban inexorablemente al tema de la Verdad, a la urgencia de la búsqueda, al Misterio, y después de tanta hondura yo me sentía el mismo, con las mismas miserias, pero la paciencia de los santos hace que el agua pueda horadar la roca y hacerle al menos una pequeña marca.
De aquellas tardes me ha quedado para siempre la alegría de un gran descubrimiento: yo podía ser, existía otro mundo al margen de ese mundo obligado. Ser en Cuba, existir en Cuba, y luego descubro que es difícil en todas partes, que a todos nos toca sufrir el anonimato, la indiferencia, la desconfianza, la soledad y todo lo que ronda cualquier exilio; pero nadie, nada me puede quitar que respire profundo y diga: estoy aquí mi Dios, ante ti.
Hoy trabajé todo el día y me hubiera gustado ir a misa, hoy en la Catedral entonarán "Pueblo de Reyes, Asamblea Santa, Pueblo de Dios, Bendice a tu Señor" y el turiferario esparcirá el incienso. Recuerdo que el Padre Salvador tenía guardado una cajita de incienso del Monte Athos para las grandes celebraciones y se enojaba si lo ponían en una celebración ordinaria, pero nunca se enojó tanto como el día que nos robaron el copón del sagrario con el Santísimo Sacramento. Qué enojo y desesperación en aquel hombre que no podía recuperar el pan consagrado, perdido bajo su custodia y la mía. Varios años después en el 1998 cuando tuvo lugar la visita del Papa logré resarcirlo en alguna medida por aquel disgusto. En una de las tiendas de campaña que se colocaron en la Plaza quedaron abandonados varios cálices con formas consagradas, llegué a la Casa Sacerdotal con una caja llena de aquellas copas y quiero pensar que el alivio que vi en su rostro al entregarle aquel tesoro compensaba el pesar por el copón perdido.
El día que supe de su nombramiento como obispo auxiliar de La Habana me alegré mucho, al mediodía fui a felicitarlo y estaba contento, tenía luz en el sereno rostro. Nunca olvidaré su consagración episcopal y esa sensación que aquello que estaba sucediendo era algo que debía ocurrir y ocurría para bien. No me atrevo a preguntarle a Dios por qué le llamó así, tan duro, tan pronto.
Unos días antes de su repentina enfermedad y muerte, en el Primer Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos el Padre pronunció una conferencia titulada "La Cuestión de la Verdad" y sin quererlo, dejaba escrito su testamento intelectual. Recuerdo que le regalé un temprano ejemplar de la Veritatis Splendor (El brillo de la verdad), porque yo regresaba de España y en esos días el diario ABC la había publicado, Juan Pablo II y él coincidían en la misma obsesión. "Si la libertad se transforma en un absoluto, si no está referida y subordinada a la verdad, desaparece como libertad y se convierte en arbitrariedad absoluta (...) es el imperio de la fuerza... ¨ Esas palabras de Juan Pablo II destacaban en su último esfuerzo pedagógico, las escuché mil veces en el aula, en el pulpito, y regresan a mi memoria con asentimiento, tenía razón el párroco misericordioso, una razón que compruebo día a día y me salva.
A veces sueño que estoy sentado en un banco de la Catedral en la tarde, cuando la luz cae desde los vitrales y se queda quieta en los bancos de caoba, va a comenzar la misa del martes o del jueves a las ocho, la misa de unos pocos y rezo al fin, como aquellas señoras que no perdían el tiempo. Todos los días le encomiendo a mi amigo, a mi párroco, que no me pierda de vista cuando salgo en el carro, casi siempre le digo: mira por los niños, que no sea nada la erupción, la fiebre, mira por nosotros, pon ante Dios estas cosas que me inquietan, que estemos bien, que no falte el trabajo, que se haga ( y ayúdame a aceptarlo) la voluntad de Dios.
(Eduardo Mesa www.lacasacuba.com)
26 de junio de 2011
Una historia de Nicolaítas
Los Nicolaítas son unos seres que habitan en La Habana, Miami o cualquier parte. Tienen en común una parroquia dedicada a San Judas y San Nicolás. Se reúnen varias veces al año y reafirman, que donde quiera que estén son Nicolaítas, una filiación que a todas luces parece inextinguible.
Algo debe tener esa iglesia de La Habana extramuros, en la Plazoleta de San Nicolás, cerca de la calle Monte. Un barrio al que llegaron inmigrantes libaneses, sirios -creo que también había palestinos-, un pedazo de Oriente en La Habana de otrora, cuando la gente de todas partes llegaba a Cuba. Allí tuvieron el rito Maronita por muchos años, esa liturgia larga y hermosa, pródiga en incienso, cantos; comprensión de que el Misterio es importante, distancia de la obsesión por explicarlo todo. Queda la imagen de San Marón, Apóstol del Líbano, un santo lejano en la distancia y el tiempo.
La Iglesia de San Nicolás es pequeña, nada es fastuoso en ella, los grupos de catequesis se distribuían en el templo porque no había, como en otras iglesias, suficientes salones para la catequesis. Una parroquia viva gracias a los a Nicolaítas, esos seres persistentes que no la abandonaron ni en los tiempos más difíciles.
Mi esposa, que es Nicolaíta, recordaba esta Semana Santa que en su iglesia conservaron la costumbre del Descendimiento de la Cruz, del Santo Entierro. Ella me contaba con qué cuidado se preparaban los monaguillos para que no sufriera daño alguno la imagen del Cristo yaciente. Me contaba también con lujo de detalles todo lo concerniente a aquellos Viernes Santos y Sábados de Gloria, cuando el Padre Jaime Manich, el párroco de callada sabiduría, impulsaba lo mejor de los otros.
Quien lo viera no podía imaginar que se quedó escondido en Pinar del Río cuando expulsaron a muchos de sus hermanos en el Covadonga. Salió de su escondite varios días después esperando lo peor, era un escolapio catalán y sabía los crímenes cometidos en la guerra civil española. Afortunadamente no le ocurrió nada, se quedó a vivir en el obispado, atendía los pueblos cercanos, la cancillería, hacía la comida, operaba un viejo mimeógrafo y a veces limpiaba. Tenía la capacidad de planificar la pastoral y al mismo tiempo preparar los telones de una obra de teatro, nunca quiso ir a España hasta no tener la garantía de que lo dejaran regresar a Cuba.
En La Habana vivió del mismo modo, cerca de la gente, ejercitaba una espiritualidad sin aspavientos y un dinamismo sanador desde lo pequeño. Tuvo gran influencia en dos hombres, que a pesar de llevar caminos diferentes y a veces encontrados, tienen gran peso en la Iglesia cubana: Dagoberto Valdés y Jaime Ortega.
Los Nicolaítas de la diáspora no pierden de vista a su antigua parroquia, acaso la única. En sus reuniones confluyen las oleadas de este largo exilio, todos son bienvenidos. Se reza, se reúne dinero para socorrer algunas de las necesidades de los que están allá, se comentan las buenas o las malas nuevas y no saben si la despedida es en el Tropical Park o en la verja que se abre a la calle Manrique.
No pasará mucho tiempo hasta que recibamos otra carta invitándonos al próximo encuentro; mi esposa, como siempre, se pondrá muy contenta. Siento el deber de decir que si en algún lugar he sentido la comunión de la Iglesia cubana es en las reuniones de estos parroquianos de San Nicolás, seres persistentes como hay pocos, hermandad de los Nicolaítas a ambos lados del mar.
Algo debe tener esa iglesia de La Habana extramuros, en la Plazoleta de San Nicolás, cerca de la calle Monte. Un barrio al que llegaron inmigrantes libaneses, sirios -creo que también había palestinos-, un pedazo de Oriente en La Habana de otrora, cuando la gente de todas partes llegaba a Cuba. Allí tuvieron el rito Maronita por muchos años, esa liturgia larga y hermosa, pródiga en incienso, cantos; comprensión de que el Misterio es importante, distancia de la obsesión por explicarlo todo. Queda la imagen de San Marón, Apóstol del Líbano, un santo lejano en la distancia y el tiempo.
La Iglesia de San Nicolás es pequeña, nada es fastuoso en ella, los grupos de catequesis se distribuían en el templo porque no había, como en otras iglesias, suficientes salones para la catequesis. Una parroquia viva gracias a los a Nicolaítas, esos seres persistentes que no la abandonaron ni en los tiempos más difíciles.
Mi esposa, que es Nicolaíta, recordaba esta Semana Santa que en su iglesia conservaron la costumbre del Descendimiento de la Cruz, del Santo Entierro. Ella me contaba con qué cuidado se preparaban los monaguillos para que no sufriera daño alguno la imagen del Cristo yaciente. Me contaba también con lujo de detalles todo lo concerniente a aquellos Viernes Santos y Sábados de Gloria, cuando el Padre Jaime Manich, el párroco de callada sabiduría, impulsaba lo mejor de los otros.
Quien lo viera no podía imaginar que se quedó escondido en Pinar del Río cuando expulsaron a muchos de sus hermanos en el Covadonga. Salió de su escondite varios días después esperando lo peor, era un escolapio catalán y sabía los crímenes cometidos en la guerra civil española. Afortunadamente no le ocurrió nada, se quedó a vivir en el obispado, atendía los pueblos cercanos, la cancillería, hacía la comida, operaba un viejo mimeógrafo y a veces limpiaba. Tenía la capacidad de planificar la pastoral y al mismo tiempo preparar los telones de una obra de teatro, nunca quiso ir a España hasta no tener la garantía de que lo dejaran regresar a Cuba.
En La Habana vivió del mismo modo, cerca de la gente, ejercitaba una espiritualidad sin aspavientos y un dinamismo sanador desde lo pequeño. Tuvo gran influencia en dos hombres, que a pesar de llevar caminos diferentes y a veces encontrados, tienen gran peso en la Iglesia cubana: Dagoberto Valdés y Jaime Ortega.
Los Nicolaítas de la diáspora no pierden de vista a su antigua parroquia, acaso la única. En sus reuniones confluyen las oleadas de este largo exilio, todos son bienvenidos. Se reza, se reúne dinero para socorrer algunas de las necesidades de los que están allá, se comentan las buenas o las malas nuevas y no saben si la despedida es en el Tropical Park o en la verja que se abre a la calle Manrique.
No pasará mucho tiempo hasta que recibamos otra carta invitándonos al próximo encuentro; mi esposa, como siempre, se pondrá muy contenta. Siento el deber de decir que si en algún lugar he sentido la comunión de la Iglesia cubana es en las reuniones de estos parroquianos de San Nicolás, seres persistentes como hay pocos, hermandad de los Nicolaítas a ambos lados del mar.
22 de junio de 2011
Stanley
Cuando me dijo que se llamaba Stanley pensé en el grabado que se veía en los cubiertos de mi madre, aquel regalo de bodas escondido en lo alto del closet; con ese pensamiento estuve a punto de preguntarle si era Steel de apellido, por suerte se me pasó la idea.
Era un nombre raro pero en Cuba casi todos los jóvenes tenían nombres raros, por lo tanto Stanley no era la excepción y nos acostumbramos a su nombre; de hecho nos acostumbramos a muchas cosas, a ver la Habana llena de mendigos, a los eufemismos "jinetera" y "jinetear", a los extranjeros rubios que andaban en chancletas, a los compañeros del PCC y del MININT que desengañados de la estafa revolucionaria llegaban a la parroquia conformando una exótica oleada de conversos donde se hacía difícil distinguir lo verdadero de la falso.
Stanley llegó en esa época, cuando la Habana se alumbraba a ratos, y se quedó en el grupo. Me tocó a mí darle la catequesis, era de inteligencia despierta pero aprendía con poco entusiasmo, se quedaba vagando por remotos lugares de su imaginación o su memoria y aunque era un buen muchacho no me parecía que se tomará la doctrina católica demasiado en serio.
De domingo en domingo, la augusta catedral era bullicio de barrio y al fin había comunidad en aquellas piedras después de mucho tiempo. Stanley perseveró hasta la conclusión de la preparación para el bautismo y cuando el cura me preguntó si el muchacho estaba listo le dije que sí, sé que escapaba a veces de mis charlas para sentarse en la esquina de un sueño, pero su deseo de bautismo estaba signado por la esperanza.
El cura también tenía sus dudas pero después de hablar con el muchacho compartió mi criterio de que ya estaba listo. Stanley se bautizaría en la Pascua, en la Vigilia de esa Resurrección que cambió el mundo, pero antes había que cumplir ciertas formalidades, traer un certificado de nacimiento y conseguir los padrinos que tenían que estar bautizados en la Iglesia Católica.
Llego el día de la Pascua, los catecúmenos con sus padrinos iban llegando, la secretaria de la parroquia se enfermó y tuve que llenar las boletas de inscripción de mis alumnos con los datos de los certificados y los nombres de los padrinos. Stanley venía muy contento, vestido de blanco, me dio los nombres de sus padrinos y su certificado, cuando leí aquel documento comprendí muchas cosas de aquel muchacho huérfano de padre que se escapaba a ratos de mis clases.
El nombre que aparecía en su certificado de nacimiento no era Stanley; me hice el desentendido, recogí los papeles y le dije que saliera de la sacristía, que estaba un poco tarde y sus padrinos lo esperaban, pronto saldrían los curas en procesión solemne hasta el altar, ya estaba a punto de comenzar su Pascua, poco importaba que se llamara Stalin.
(Eduardo Mesa http://www.lacasacuba.com/)
Era un nombre raro pero en Cuba casi todos los jóvenes tenían nombres raros, por lo tanto Stanley no era la excepción y nos acostumbramos a su nombre; de hecho nos acostumbramos a muchas cosas, a ver la Habana llena de mendigos, a los eufemismos "jinetera" y "jinetear", a los extranjeros rubios que andaban en chancletas, a los compañeros del PCC y del MININT que desengañados de la estafa revolucionaria llegaban a la parroquia conformando una exótica oleada de conversos donde se hacía difícil distinguir lo verdadero de la falso.
Stanley llegó en esa época, cuando la Habana se alumbraba a ratos, y se quedó en el grupo. Me tocó a mí darle la catequesis, era de inteligencia despierta pero aprendía con poco entusiasmo, se quedaba vagando por remotos lugares de su imaginación o su memoria y aunque era un buen muchacho no me parecía que se tomará la doctrina católica demasiado en serio.
De domingo en domingo, la augusta catedral era bullicio de barrio y al fin había comunidad en aquellas piedras después de mucho tiempo. Stanley perseveró hasta la conclusión de la preparación para el bautismo y cuando el cura me preguntó si el muchacho estaba listo le dije que sí, sé que escapaba a veces de mis charlas para sentarse en la esquina de un sueño, pero su deseo de bautismo estaba signado por la esperanza.
El cura también tenía sus dudas pero después de hablar con el muchacho compartió mi criterio de que ya estaba listo. Stanley se bautizaría en la Pascua, en la Vigilia de esa Resurrección que cambió el mundo, pero antes había que cumplir ciertas formalidades, traer un certificado de nacimiento y conseguir los padrinos que tenían que estar bautizados en la Iglesia Católica.
Llego el día de la Pascua, los catecúmenos con sus padrinos iban llegando, la secretaria de la parroquia se enfermó y tuve que llenar las boletas de inscripción de mis alumnos con los datos de los certificados y los nombres de los padrinos. Stanley venía muy contento, vestido de blanco, me dio los nombres de sus padrinos y su certificado, cuando leí aquel documento comprendí muchas cosas de aquel muchacho huérfano de padre que se escapaba a ratos de mis clases.
El nombre que aparecía en su certificado de nacimiento no era Stanley; me hice el desentendido, recogí los papeles y le dije que saliera de la sacristía, que estaba un poco tarde y sus padrinos lo esperaban, pronto saldrían los curas en procesión solemne hasta el altar, ya estaba a punto de comenzar su Pascua, poco importaba que se llamara Stalin.
(Eduardo Mesa http://www.lacasacuba.com/)
21 de junio de 2011
Confesiones del Panga sobre su ecobio Guasabito Miranda y un barbecue en la casa de Cliteria Fresnillo
Ahora sí hemos perdido a Guasabito, lo que escuché de sus labios el otro día me confirmó que lo hemos perdido quizás para siempre. Yo sabía que Cliteria con su onda de maceíta irredenta lo iba embaucar pero nunca imagine las proporciones del embauque. El número que metió Guasabito en medio del barbecue que ofrecieron en honor de Anturio El Afiebrado, un académico muy amigo de Cliteria, me dejó loco.
El barbecue marchaba a las mil maravillas, las costillas olían a una exquisita salsa que trajo el invitado y se asaban los deliciosos chorizos del Sedano junto a tiernos maíces, las botellas de Heineken se dejaban agarrar sin miedo en la nevera y charlábamos apaciblemente sobre el precio de los cárnicos cuando Guasabito, sin ton ni son, se puso a decir que él le sabía un mundo a la carne porque en Cuba había trabajado para la policía económica en un matadero. Yo, sobrio todavía, me reí con mesura y le dije: Guasa nos conocemos hace un montón de años y el único contacto que tú has tenido con la policía es cuando te ponían las esposas. Pero Guasabito ignoró el comentario, Anturio y Cliteria también lo ignoraron.
Me callé la boca, porque no suelo andar entre académicos y desconozco la onda de esa gente. Seguí ingiriendo Heineken a la par de crujientes frituras de malanga. Hasta ese punto no me puse bravo porque Guasabito quizás se siente menos con su noveno grado y quería impresionar a Cliteria y Anturio. Pero la cosa no terminó ahí, el Guasa volvió a la carga con el tema de los “cinco héroes” que deben regresar a Cuba canjeados por el “espía” Alan Gross antes que sea demasiado tarde, aunque no quedó claro que significaban en ese contexto las palabras “tarde” y “demasiado”. Anturio asentía en silencio, Cliteria callaba y yo miraba, atónito, a los tres personajes a través del color de la Heineken en la jarra helada.
Entonces, Anturio El Afiebrado rompió su silecio: “Lleva usted la razón amigo Guasabito, por suerte queda gente como usted en esta ciudad de Miami, infestada de plattistas. El presidente Raúl necesita pruebas de buena voluntad y estaría bien para empezar que liberaran a esos cinco cubanos cuyo único delito es defender los intereses de la nación”. Ahora era Guasabito el que asentía mientras Anturio hablaba. “Si compatriotas, haremos caminar por el desfiladero de la humillación a todos los plattistas, anticastristas, extremistas, liberales, democristianos y socialistas que no firmen contra el Embargo y la libertad de Gerardito y los otros prisioneros ”. “Vamos a joder a todos los que no hagan una crítica bondadosa al general Raúl” “ Vamos a construir alianzas para que nunca gobierne la derecha” “¡Porque no van a gobernar coño…!” “Y entiéndase por derecha a cualquiera que no se ponga ahora mismo a mi izquierda”, apostilló con tono desafiante Anturio El Afiebrado.
De inmediato Guasabito y Cliteria se pusieron a la izquierda de Anturio, yo me puse entre el Guasa y Cliteria, porque pensé que Anturio se había vuelto loco y además quería ver como acababa aquello. Entonces Guasabito, enardecido por las palabras de Anturio propuso exigirle a la Casa Blanca, como prueba de buena voluntad, un juego de ropa interior presidencial para la colección privada de Raúl (que según informes de Juan Juan Almeida es ambivalente sexual) ahí mismo Cliteria, más enardecida aún ofreció un juego de los suyos voluntariamente, pero Anturio la miró de pies a cabeza y le dijo que no, que no era necesario.
Después de eso Anturio explicó el modo para lograr sus planes y el papel que jugarían Cliteria y Guasabito en la guerra contra los plattistas, extremistas, derechistas, marxistas….. Ya quedaban pocas chuletas porque se había pegado Yunisleidis la vecina de al lado con sus dos tías acabadas de llegar de la Isla y un primo segundo que entró por la frontera. Separé por si acaso dos chuletas y abrí otra Heineken. Yunisleidis también se ofreció para luchar contra los “fascistas” y Anturio le tuvo que explicar la diferencia entre plattistas y fascistas, entonces quedó desconcertado porque Yunisleidis con cara de boba le dijo que bueno, que la disculpara, pero que si eso era así ella era plattista y sus tías también, entonces Anturio le dijo que no importaba porque ya le había echado el ojo a Yunisleidis .
Seguimos conformando el nuevo gobierno y ya estábamos distribuyendo cargos en las provincias cuando tocaron a la puerta. Una de las tías de Yunisleidis fue abrir y en la terraza apareció Papaíto el Sociólogo. Entonces escondí dos cervezas que quedaban detrás de una maceta y pinche tres chorizos, porque Papaíto tiene la habilidad de hablar y comer al mismo tiempo.
Me quedé un rato más, Papaíto y Anturio terminaron de repartir los cargos a nivel nacional. El primo le pidió a Yunisleidis que le tirara un salve hasta su casa con el pretexto de que estaba mareao, ella asintió risueña. Me despedí de aquel nuevo gobierno y Anturio El Afiebrado me regaló un solemne abrazo, no había quedado definido qué cargo me darían pero yo le aclaré que me conformaría con cualquier cosa. Fue entonces cuando Anturio entornó los ojos y vio de refilón que Yunisleidis tenía en la mano las llaves de su carro para llevar al primo, comprendió en ese instante que la tarde moría con Papaíto el Sociólogo revisando la lista de los cargos, nos miró a todos con resignación y dijo adiós con gesto magnánimo. Anturio El Afiebrado es un guerrero antiplattista y un guerrero en su lucha renuncia a muchas cosas.
(Eduardo Mesa http://www.lacasacuba.com/)
El barbecue marchaba a las mil maravillas, las costillas olían a una exquisita salsa que trajo el invitado y se asaban los deliciosos chorizos del Sedano junto a tiernos maíces, las botellas de Heineken se dejaban agarrar sin miedo en la nevera y charlábamos apaciblemente sobre el precio de los cárnicos cuando Guasabito, sin ton ni son, se puso a decir que él le sabía un mundo a la carne porque en Cuba había trabajado para la policía económica en un matadero. Yo, sobrio todavía, me reí con mesura y le dije: Guasa nos conocemos hace un montón de años y el único contacto que tú has tenido con la policía es cuando te ponían las esposas. Pero Guasabito ignoró el comentario, Anturio y Cliteria también lo ignoraron.
Me callé la boca, porque no suelo andar entre académicos y desconozco la onda de esa gente. Seguí ingiriendo Heineken a la par de crujientes frituras de malanga. Hasta ese punto no me puse bravo porque Guasabito quizás se siente menos con su noveno grado y quería impresionar a Cliteria y Anturio. Pero la cosa no terminó ahí, el Guasa volvió a la carga con el tema de los “cinco héroes” que deben regresar a Cuba canjeados por el “espía” Alan Gross antes que sea demasiado tarde, aunque no quedó claro que significaban en ese contexto las palabras “tarde” y “demasiado”. Anturio asentía en silencio, Cliteria callaba y yo miraba, atónito, a los tres personajes a través del color de la Heineken en la jarra helada.
Entonces, Anturio El Afiebrado rompió su silecio: “Lleva usted la razón amigo Guasabito, por suerte queda gente como usted en esta ciudad de Miami, infestada de plattistas. El presidente Raúl necesita pruebas de buena voluntad y estaría bien para empezar que liberaran a esos cinco cubanos cuyo único delito es defender los intereses de la nación”. Ahora era Guasabito el que asentía mientras Anturio hablaba. “Si compatriotas, haremos caminar por el desfiladero de la humillación a todos los plattistas, anticastristas, extremistas, liberales, democristianos y socialistas que no firmen contra el Embargo y la libertad de Gerardito y los otros prisioneros ”. “Vamos a joder a todos los que no hagan una crítica bondadosa al general Raúl” “ Vamos a construir alianzas para que nunca gobierne la derecha” “¡Porque no van a gobernar coño…!” “Y entiéndase por derecha a cualquiera que no se ponga ahora mismo a mi izquierda”, apostilló con tono desafiante Anturio El Afiebrado.
De inmediato Guasabito y Cliteria se pusieron a la izquierda de Anturio, yo me puse entre el Guasa y Cliteria, porque pensé que Anturio se había vuelto loco y además quería ver como acababa aquello. Entonces Guasabito, enardecido por las palabras de Anturio propuso exigirle a la Casa Blanca, como prueba de buena voluntad, un juego de ropa interior presidencial para la colección privada de Raúl (que según informes de Juan Juan Almeida es ambivalente sexual) ahí mismo Cliteria, más enardecida aún ofreció un juego de los suyos voluntariamente, pero Anturio la miró de pies a cabeza y le dijo que no, que no era necesario.
Después de eso Anturio explicó el modo para lograr sus planes y el papel que jugarían Cliteria y Guasabito en la guerra contra los plattistas, extremistas, derechistas, marxistas….. Ya quedaban pocas chuletas porque se había pegado Yunisleidis la vecina de al lado con sus dos tías acabadas de llegar de la Isla y un primo segundo que entró por la frontera. Separé por si acaso dos chuletas y abrí otra Heineken. Yunisleidis también se ofreció para luchar contra los “fascistas” y Anturio le tuvo que explicar la diferencia entre plattistas y fascistas, entonces quedó desconcertado porque Yunisleidis con cara de boba le dijo que bueno, que la disculpara, pero que si eso era así ella era plattista y sus tías también, entonces Anturio le dijo que no importaba porque ya le había echado el ojo a Yunisleidis .
Seguimos conformando el nuevo gobierno y ya estábamos distribuyendo cargos en las provincias cuando tocaron a la puerta. Una de las tías de Yunisleidis fue abrir y en la terraza apareció Papaíto el Sociólogo. Entonces escondí dos cervezas que quedaban detrás de una maceta y pinche tres chorizos, porque Papaíto tiene la habilidad de hablar y comer al mismo tiempo.
Me quedé un rato más, Papaíto y Anturio terminaron de repartir los cargos a nivel nacional. El primo le pidió a Yunisleidis que le tirara un salve hasta su casa con el pretexto de que estaba mareao, ella asintió risueña. Me despedí de aquel nuevo gobierno y Anturio El Afiebrado me regaló un solemne abrazo, no había quedado definido qué cargo me darían pero yo le aclaré que me conformaría con cualquier cosa. Fue entonces cuando Anturio entornó los ojos y vio de refilón que Yunisleidis tenía en la mano las llaves de su carro para llevar al primo, comprendió en ese instante que la tarde moría con Papaíto el Sociólogo revisando la lista de los cargos, nos miró a todos con resignación y dijo adiós con gesto magnánimo. Anturio El Afiebrado es un guerrero antiplattista y un guerrero en su lucha renuncia a muchas cosas.
(Eduardo Mesa http://www.lacasacuba.com/)
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