23 de marzo de 2007
El fantasma de Markus Wolf
Por Eduardo Mesa www.lacasacuba.com Hace sólo unos días tuve la oportunidad de leer la autobiografía de Markus Wolf, jefe durante décadas del servicio de espionaje de la llamada República Democrática Alemana , los servicios de inteligencia Occidentales lo llamaban el hombre sin rostro, su identidad fue por mucho tiempo una incógnita y la eficacia de sus agentes llegó a convertirse en una leyenda. Este excepcional protagonista de la guerra fría falleció hace poco. El testimonio que nos legó en su libro no es el de un hombre totalmente arrepentido, Wolf no reconoce el fracaso de la ideología comunista, se limita a reconocer digamos que errores de implementación. Se enorgullece de su Servicio Secreto, la poderosa Stasi que a tantos hizo temblar y reconoce que no tuvo escrúpulos, que el fin justificaba los medios. Sus adversarios Occidentales tenían límites, marcados por las leyes, por los controles parlamentarios y por la repugnancia natural que provocan algunos actos. Wolf se felicita porque estas “limitaciones” de sus adversarios le sirvieron para ganar más de una partida. Esta lectura poco edificante coincide con la reciente denuncia de un ex agente de la KGB llamado Ion Mihai Pacepa , este señor explicó a la revista National Review Online cómo en los años sesenta el Kremlin y la agencia antes mencionada fraguaron una feroz campaña contra la Iglesia Católica. El principal objetivo de este plan fue el Papa Pío XII, que ya había muerto, y por tanto, no tenía derecho a replica. “Los muertos no hablan”, fue este el motivo que los decidió por el Papa Pacelli. Debilitar el prestigio de la Iglesia ha sido la obsesión de muchos jerarcas comunistas y es por esto, que los servicios de inteligencia soviéticos con suma habilidad tejieron la leyenda negra del antisemitismo de Pío Xll, basándose en que éste fue Nuncio en Munich y Berlín. Para esto consiguieron documentos originales del Vaticano que fueron posteriormente modificados. Estos documentos adulterados fueron utilizados para producir una obra de teatro que sustentaba la tesis de que Pío Xll había alentado a Hitler a realizar el Holocausto, dicha obra se estrenó en Alemania en 1963 y un año después en New York, con posterioridad fue traducida a 20 idiomas y la divulgación de la misma ha generado una abundante literatura que acusaba a Pío Xll de antisemita y amigo de los nazis. Aunque la vida de Pío XII está documentada por más de un historiador y los archivos vaticanos han desclasificado toda la documentación referente a este pontífice, muchos seguirán creyendo, sin fundamento alguno, en esa calumnia. Ese es el poder del maligno, la mentira. La mentira que engendra la duda, una duda que en ocasiones acompañara de un modo injusto y para siempre a la persona que ha sido calumniada. La labor de los servicios secretos del bloque soviético siguen dando de que hablar, en Polonia la forzosa dimisión del recién nombrado Arzobispo de Cracovia, por su colaboración con el régimen comunista, ha conmocionado a la nación polaca. El caso de monseñor Wielgus ha provocado ya la renuncia de otros sacerdotes presuntamente implicados con el antiguo régimen. Es éste, sin lugar a dudas, un momento de dolor para Iglesia Polaca que ha dado hombres de la talla del padre Popieluszko , el Cardenal Wyszynski y el mismo Juan Pablo II. No obstante debíamos meditar sobre la veracidad de todo lo que aparezca en los archivos de esas antiguas agencias del terror, en qué medida esos funcionarios no tenían también que mentir a sus superiores para “cumplir” con las tareas asignadas. Los que hemos padecido un régimen comunista sabemos que la cadena de engaños y simulación es infinita, nada me invita a pensar que dentro de sus cuerpos policiales las cosas ocurren de otro modo. ¿Quién se beneficia con estas persecuciones, con esta obsesión de encontrar hasta el último culpable? En este sentido son esclarecedoras las palabras del P. Federico Lombardi, actual portavoz de la Santa Sede: “…es conveniente observar que el caso de monseñor Wielgus no es el primero y probablemente no será el último caso de ataque a personalidades de la Iglesia en base a la documentación de los servicios secretos del pasado régimen. Se trata de material abundante y, al tratar de medir su valor y de sacar conclusiones fiables, no hay que olvidar que fue producido por funcionarios de un régimen opresivo y chantajista. “A tantos años de distancia del final del régimen comunista, ausente la grande e inalcanzable figura del Papa Juan Pablo II, la actual oleada de ataques a la Iglesia católica en Polonia, más que una sincera búsqueda de transparencia y de verdad, parece una extraña alianza entre perseguidores del pasado y otros adversarios, y una venganza por parte de quien, en el pasado, la había perseguido y fue derrotado por la fe y por el anhelo de libertad del pueblo polaco. “ Cuando termino de escribir estas líneas, un escalofrío me recorre el cuerpo, pienso en el mal, esa entidad intangible pero real, que siempre merodea, con peligrosos espejismos que nos alejan de la verdad y el fantasma de Markus Wolf, con cierto cinismo, sonríe desde lejos.
15 de marzo de 2007
Evocación
www.lacasacuba.com
Hoy se celebra la Solemnidad de San Pedro y San Pablo, recuerdo que me levantaba muy temprano y caminaba hasta la Catedral de La Habana, mi parroquia, para preparar las cosas y ultimar todos los detalles de esa celebración. En un día así es inevitable que recuerde a mi amigo el P. Salvador Riverón, que se paraba en el atrio para ver si estaban los bancos y candelabros en perfecta simetría, si la raída alfombra no dejaba escapar una curva. Un santo celoso de la geometría y de la Iglesia como de una novia, un obispo que muere joven y nos deja con el sabor de la orfandad.
Cuando llegué a la Catedral tenía dieciséis años y se acababa de celebrar el ENEC, es un recuerdo vago porque a veces me parece que fue un poco antes. No era el lugar que un joven escogería, iba muy poca gente y la mayoría eran esas viejitas que se han ido del mismo modo que caen los pétalos. Esas señoras que no se amedrentaron ante las bestias, rezaban un rosario, te regalaban una estampa y cuidaban la Fe; a mí rezar me parecía una pérdida de tiempo, pero ellas sabían que el tiempo de Dios es otro, y también rezaban por mí.
Allí crecí, crecimos, un grupo que nunca fue grande, que intentaba sobrevivir en un ambiente de socialismo eterno. Recuerdo aquellas tardes de sillón con el parróco adusto, hablando de mil cosas que nos llevaban inexorablemente al tema de la Verdad, a la urgencia de la búsqueda, al Misterio, y después de tanta hondura yo me sentía el mismo, con las mismas miserias, pero la paciencia de los santos hace que el agua pueda horadar la roca y hacerle al menos una pequeña marca.
De aquellas tardes me ha quedado para siempre la alegría de un gran descubrimiento: yo podía ser, existía otro mundo al margen de ese mundo obligado. Ser en Cuba, existir en Cuba, y luego descubro que es difícil en todas partes, que a todos nos toca sufrir el anonimato, la indiferencia, la desconfianza, la soledad y todo lo que ronda cualquier exilio; pero nadie, nada me puede quitar que respire profundo y diga: estoy aquí mi Dios, ante ti.
Hoy trabajé todo el día y me hubiera gustado ir a misa, hoy en la Catedral entonarán "Pueblo de Reyes, Asamblea Santa, Pueblo de Dios, Bendice a tu Señor" y el turiferario esparcirá el incienso, y recuerdo que el Padre Salvador tenía guardado una cajita de incienso del Monte Athos para las grandes celebraciones, y se enojaba si lo ponían en una celebración ordinaria, pero nunca se enojó tanto como el día que nos robaron el Copón del Sagrario con el Santísimo. Qué enojo y desesperación en aquel hombre, que no podía recuperar el pan consagrado perdido bajo su custodia.
El día que supe de su nombramiento como obispo auxiliar de La Habana me alegré mucho, al mediodía fui a felicitarlo y estaba contento, tenía luz en el sereno rostro. Nunca olvidaré su consagración episcopal y esa sensación que aquello que estaba sucediendo era algo que debía ocurrir y ocurría para bien. No me atrevo a preguntarle a Dios por qué le llamó así, tan duro, tan pronto.
Unos días antes de su repentina enfermedad y muerte, en el Primer Encuentro Nacional de Comunicadores Católicos el Padre pronunció una conferencia titulada "La Cuestión de la Verdad" y sin quererlo, dejaba escrito su testamento intelectual. Recuerdo que le regalé un temprano ejemplar de la Veritatis Splendor (El brillo de la verdad), porque yo regresaba de España y en esos día el diario ABC la había publicado, Juan Pablo II y él coincidían en la misma obsesión. "Si la libertad se transforma en un absoluto, si no está referida y subordinada a la verdad, desaparece como libertad y se convierte en arbitrariedad absoluta (...) es el imperio de la fuerza... ¨ Esas palabras de Juan Pablo II destacaban en su último esfuerzo pedagógico, las escuché mil veces en el aula y en el pulpito, y regresan a mi memoria con asentimiento, tenía razón el párroco misericordioso, una razón que compruebo día a día y me salva.
A veces sueño que estoy sentado en un banco de la Catedral en la tarde, cuando la luz cae desde los vitrales y se queda quieta en los bancos de caoba, va a comenzar la misa del martes o del jueves a las ocho, la misa de unos pocos y rezo al fin, como aquellas señoras que no perdían el tiempo. Todos los días le encomiendo a mi amigo, a mi párroco, que no me pierda de vista cuando salgo en el carro, casi siempre le digo: mira por los niños, que no sea nada la erupción, la fiebre, mira por nosotros, pon ante Dios estas cosas que me inquietan, que estemos bien, que no falte el trabajo, que se haga ( y ayúdame a aceptarlo) la voluntad de Dios.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Entradas populares
- Algunas consideraciones sobre un editorial de Espacio Laical y una conferencia de Roberto Veiga
- El Dientuso
- Algunas consideraciones sobre la próxima visita del Papa a Cuba
- Una carta, una respuesta y una declaración fallida
- Predicciones sobre el futuro arzobispo de La Habana
- Como un manantial
- Elogio de Sor Victoria Benéitez Rodríguez
- ¿Ha capitulado la Iglesia cubana?