8 de enero de 2008

Navidad en la Catedral

Llego a la Catedral, es 24 y ahí está el nacimiento que preparábamos y el arbolito con las bolas “contadas” que se perdía en el templo inmenso. Había  una imagen mediana de San José pero faltaba la Virgen, entonces la Hna. Socorro arreglaba una Dolorosa grande que alguien salvó de los iconoclastas y con aquellas imágenes y un bendito niño se preparaba un nacimiento pobre, igual que el de Belén.

¡Qué nacimiento aquel! Había que ponerlo en perspectiva porque la Virgen era muy grande respecto a San José y el P. Salvador colocaba diez veces las imágenes hasta que se veían de la mejor manera en el establo que a duras penas fabricábamos con materiales viejos y con los palos que sobraron de alguna obra. La gruta se hacía con un papel cartucho que yo mismo “conseguía” en la imprenta en donde trabajaba y en alguna ocasión el P. Salvador me instó a que le explicara los detalles de aquel “conseguir”, porque él quería predicar tranquilo en la Noche Buena, de más está decir que nunca le expliqué “todos” los detalles.

La Hna. Socorro donde quiera dejaba una flor, para ella un búcaro podía ser cualquier pomo y el Padre Salvador le decía: “Hermana, ésta es la Catedral, tenemos que buscar algo mejor para poner las flores”; pero ella siguió fiel a su costumbre de adornar los altares con búcaros improvisados, igual que en la capilla de su casa en Angola.

Socorro había sido misionera en Angola y creo que en Mozambique. En Angola conoció a los cubanos en los años de la ocupación,  y más de uno, al sentirse en confianza, se sinceró  con ella. Esta experiencia la animó a irse a Cuba. Era ya algo mayor cuando expresó el deseo de partir,  sus superioras tenían grandes reparos por la edad, pero otra portuguesa, la Hna. Teresa Vaz, estaba en el gobierno de la Congregación e intercedió por ella.  Socorro llegó en el primer grupo, en la avanzada de unas monjas de azul que atenderían la Catedral de La Habana y el Arzobispado.

Las monjas trajeron otra vida a aquella Catedral y al mismo Arzobispado. En la Catedral la catequesis se llenó de niños con la Hna. Victoria y comenzó a crecer el grupo de jóvenes. Muchos de aquellos niños y niñas ya eran adolescentes cuando cayó el Muro de Berlín, preludio del llamado “período especial” y auge de la prostitución. Las Religiosas del Amor de Dios nunca lo dicen, pero su acompañamiento y ayuda material salvó a muchas de aquellas muchachitas de la prostitución, presionadas a veces por sus mismas familias. Y gracias a las monjas, el Arzobispado estuvo más abierto al barrio y mejor custodiado,  por la bondad de las hermanas Inmaculada y Pilar.

La Hna. Socorro había sido maestra como todas las monjas de su Congregación, en Angola fue formadora de novicias; tenía un gran sentido de la disciplina y trabajaba sin descanso, ordenó la sacristía y muchos pormenores de aquella iglesia, cosía albas, manteles, casullas; fundó en la Catedral la Legión de María (único movimiento católico que sobrevivió a la disolución del apostolado seglar en los tiempos peores). Socorro no tenía para cuando acabar, se ocupaba de Caritas, de visitar a los viejos del barrio, de llevarles leche y comida; se metía en los solares, conocía a la gente y la gente la conocía a ella, no tenía miedo a los pobres y miraba a los ojos.

Siempre la recuerdo, pero en esta Navidad me he acordado aún más de ella. Pronto se cumplirán diez años de la visita de Juan Pablo II a Cuba. Unos años antes, a principios de los noventa, se preparó una visita del Papa que luego se frustró, en aquella ocasión de todas las parroquias salimos de misión, a tocar puerta a puerta.  Había que salir como los Apóstoles, de dos en dos y después de una oración se sortearon los acompañantes,  me tocó entonces acompañar  a la Hna. Socorro,  nunca en mi vida he subido y bajado tantas escaleras.


 A finales de mes se cumplen diez años de la visita que sí se realizó, creo que para entonces Socorro ya no estaba, había regresado a Portugal, tengo entendido que por obediencia porque su voluntad era quedarse en Cuba. Ella, como tantos misioneros anónimos, allanó el camino del sucesor de Pedro que solicitó a los que gobiernan en Cuba que la Navidad volviese a ser celebrada como un día feriado.

Hace diez años que en la Isla se celebra de manera oficial la Navidad, para la Hna. Socorro es mi recuerdo y para aquel nacimiento que el Padre Salvador ordenaba diez veces, hasta que conseguía que la Virgen no luciera tan grande, ni José tan pequeño.