Por Eduardo Mesa
Termina la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney, los jóvenes regresan y la Iglesia se prepara para la próxima cita en Madrid. El Papa Benedicto decidió continuar con estos encuentros que comenzaron en tiempos de su amigo el Papa Juan Pablo II.
Desde entonces, cada dos años, los jóvenes se reúnen con el Papa y es una fiesta para la esperanza; por unos días se olvidan las fronteras y los idiomas, los jóvenes católicos venidos de todos los confines de la tierra testimonian la universalidad de la Iglesia y anticipan con su fraternidad un futuro, quizás no muy lejano, en el que la humanidad se abraza.
En Manila, hace ya algunos años, viví a plenitud la experiencia de estos encuentros; allí escuché testimonios de varios jóvenes que vivían en países de mayoría mulsumana y entonces supe que, a pesar de todo, no me había tocado lo peor.
Fue en Manila donde el Papa me dijo con voz firme que no tuviera miedo, en aquellos días confirmé mi fe y cuando tengo miedo lo recuerdo y mi fragilidad no me espanta.
La Iglesia de Miami celebra misa en diecisiete lenguas, imagino cómo será en New York, en los Ángeles; América anticipa el futuro de una humanidad mestiza y su Iglesia expresa en el presente aquello que vendrá a saludarnos muy pronto.
En Semana Santa, en los oficios del Jueves Santo de una parroquia de Miami Lakes reconocí el espirítu de Manila. Fue una celebración emotiva, hermosa, que entre cantos y oraciones rituales en inglés y español me trajo la esperanza de la comunión. No me fue difícil rezar aquella cena en que el maestro lavó otra vez los pies de unos discípulos que eran de aquí y también de Bombay, de Quito, de Bogotá o Moscú.
No debe extrañarnos que el Papa Benedicto, conocedor de las ideologías que sembraron en el pasado siglo tantos horrores, manifieste su simpatía por este país, fundado en el respeto a la Constitución, a las leyes que emanan de la misma y a valores como la religión, la familia, el trabajo y a un permanente llamado a la responsabilidad personal, valores que propician la bondad y la confianza que distingue a este pueblo, sentimientos arraigados en los hombres y mujeres que han nacido libres.
No debe tampoco extrañarnos que Juan Pablo II intuyera la fuerza de una Iglesia Continental que fuera desdibujando el esquema del Sur hispano y el Norte anglosajón. Benedicto confirma con los gestos de su reciente visita a la Iglesia de Estados Unidos de América que esta Iglesia Continental es casi inevitable y que el español y el portugués tienen gran peso en cualquier futuro.
El Papa Benedicto comprende y respeta al Norte con su escrupulosa división de poderes, su vocación democrática, su solidez ética. El Sur precisa de estos valores para andar por senda segura. El movimiento migratorio de hispanos hacia Estados Unidos y Canadá es imparable, los hispanos traen una familia en donde conviven varias generaciones, una praxis pastoral misionera y grandes, y a veces desordenados, deseos de triunfar. Son muchos los que llegarán en los próximos cincuenta años y somos muchos los que ya estamos aquí.
Sueño que esto que hoy ocurre ha de ser un bien en ambas direcciones, los inmigrantes hispanos influirán positivamente en el devenir de una democracia real para los pueblos latinoamericanos y traerán al Norte la fuerza de los hombres y mujeres que desean para ellos y para sus hijos un futuro mejor.
No quisiera terminar este sueño sin pensar que nosotros, los cubanos, tenemos parte activa en ese futuro que, sin lugar a dudas, supera el ámbito de cualquier proyecto eclesial. Mucho han de aportar los cubanos del exilio y sus hijos cubanoamericanos con su experiencia de integración, que no es asimilación, y que participa de la política, la economía, la ciencia y la cultura a unos niveles que siempre me enorgullecen y a menudo me asombran. Mucho pueden aportar los que viven en Cuba, que a pesar de cincuenta años de dictadura "marxista y antimperialista" ven con gran simpatía y admiración al coloso del Norte, quizás como ningún otro pueblo de América Latina.
Los católicos cubanos de la Isla y del exilio y en un modo privilegiado sus respectivos obispos pueden informar positivamente un proyecto eclesial continental; nuestra singular relación con Estados Unidos de América y nuestro conocimiento del mismo no deben desdeñarse.
El jueves fue el open house en la escuela del niño que comienza este curso su kindergarten. La lista con los nombres de sus compañeros de clase y un juego que han ganado los Marlins me ha hecho pensar otra vez en estas cosas. No importa que esto sea al fin y al cabo un sueño, ¿acaso un sueño no es el preludio de las mejores cosas?
(Publicado por la revista IDEAL)
18 de agosto de 2008
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