30 de noviembre de 2008

En memoria del P. Héctor Casacó

Por Eduardo Mesa

En la noche del sábado, vísperas de la Fiesta de Cristo Rey, me escribe el entrañable Luis Casacó para decirme que ha muerto en un accidente su primo hermano, el sacerdote salesiano, Hector Casacó.

No recuerdo cuando conocí a Héctor, pero es casi seguro que fue en algún encuentro o alguna convivencia, lo que sí es seguro es que han pasado veinte años o más. Que buena gente los Casacó, el gordo Pepe que después no es tan gordo, el gordo Héctor que ya tenía un no sé qué de cura y el primo Luis, flaco entonces y ahora, con aire bohemio y deseos de ver el mundo. Desde el principio nos unió la amistad, una amistad en común con otros jóvenes de la Vicaría Víbora-Calabazar que tenía entonces merecida fama de tener muy buen grupo de jóvenes.

Recuerdo a Héctor en el Seminario, llegando en bicicleta, con su gorrita de pelotero y una inalterable sonrisa. Lo recuerdo en las convivencias de adolescentes, jugando con los muchachos para luego decirme con discreción: "Mesa a esa tropa que trajiste de la Habana Vieja hay que cansarla, si no cualquiera duerme esta noche". Los cansaba jugando a la pelota, corriendo, pero los muchachos se la pasaban en grande con él, tenía ese don envidiable de divertir a los demás; nunca me pregunté si la vocación de Héctor era auténtica, él expresaba con su vida que quería ser sacerdote salesiano.

Cuando regresó de República Dominicana estuvo un tiempo en la Habana, quedamos a almorzar varias veces y hablamos largamente. Su franqueza y buen juicio se combinaban con un gran sentido del humor. Tenía ideas claras y sabía –algo que con frecuencia olvido- que en la Iglesia no hay que hacer grandes cosas, sino cosas pequeñas y hacerlas bien.

Héctor tenía una buena experiencia familiar y había sido católico desde niño; era también, como nos gusta decir en Cuba, hombre y amigo. Me dio gran alegría saber que lo tenían de formador en el noviciado salesiano en Santiago de Cuba, un hombre con su formación y carácter habría prestado un inestimable servicio en el trabajo con los jóvenes y en especial con las vocaciones de su congregación. Me escribió desde el noviciado hará cosa de un año, me contaba de sus nuevos avatares en Santiago de Cuba y me hacía reír otra vez, como siempre.

Su partida me deja una sensación de orfandad que no es nueva, que se agrava por la distancia insólita que nos separa de nuestra tierra. Tengo muy presente a su mamá que le sobrevive, a su hermano Pepe que es padre de una bonita familia y a su primo Luisito que es otro hermano; me pasan por la mente los nombres de muchos amigos comunes que sería imposible nombrar. Hoy tenemos otro amigo en el cielo, no debía estar triste pero lo estoy, la tristeza que tengo es mi falta de fe.

10 de noviembre de 2008

Alberto Müller: la pasión del periodismo

Por Eduardo Mesa

El periodista y educador Alberto Müller celebra sus veinte años como columnista del Diario de las Américas y con motivo de este aniversario Ediciones Universal presenta "Retos del Periodismo" una cuidada selección y edición de su obra periodística y de sus conferencias.

He tenido la oportunidad de leer "Retos del Periodismo" antes de su formal presentación en la Feria del Libro, de asomarme como lector a la vida y la obra de Alberto Müller, marcada por la pasión del periodismo, que es al fin y al cabo, la búsqueda de la verdad y el compromiso con la justicia.

La verdad y la justicia, amores adquiridos en edad temprana y que le condujeron a militar en la Agrupación Católica Universitaria (ACU), vívero de futuros profesionales al servicio de la Iglesia y de la Patria que dio pronta cosecha de sabios y de mártires.

Participó el profesor Müller en la lucha cívica para derrocar a Fulgencio Batista, poco tiempo después intenta el mismo método de lucha pacífica contra Fidel Castro y funda, con su amigo Juan Manuel Salvat, el periódico estudiantil "Trinchera". Más tarde, convencido de que Fidel Castro no aceptaría las reglas de la democracia optó por la sublevación armada.

En la Sierra Maestra, en el campamento de las Mercedes fue capturado y aunque salvó la vida debió pagar el alto precio del presidio político. En la prisión de Isla de Pinos cumple la mayor parte de su condena.

Alberto Müller no evoca con amargura sus días de preso, el sufrimiento de quince años de cárcel ha sido su desierto y prefiere no odiar. En su libro aparece el recuerdo agradecido de compañeros y amigos asesinados por sus captores, el recuerdo de torturas y humillaciones; pero de estas experiencias dolorosas Alberto Müller hace una lectura esperanzadora que le invita a decir en un artículo dedicado a su amigo el mártir Virgilio Campanería: "Tengo fe, Virgilio. Sé que los sacrificios no han terminado, pero siento que hay un futuro luminoso para Cuba con el que tenemos que estar hondamente comprometidos. La crisis de la nación cubana es honda, pero superable."

Esa confianza en que podemos alcanzar un futuro luminoso está presente en sus aproximaciones a figuras como Oscar Elías Bicet, Oswaldo Payá y Yoani Sánchez; confía el maestro Müller en las nuevas generaciones de cubanos que dan continuidad a la lucha por la definitiva restauración de la democracia.

Pero no es este un libro que se agote en la temática socio-política, aparecen en sus páginas otras preocupaciones y devociones del autor, amores como la poesía, la narrativa, la plástica y el cine: Rodin, Onetti, Titón, el sol de la barriada habanera del Cerro en la pintura de Portocarrero.

La fe católica de Müller impregna su obra periodística, son frecuentes las referencias a Maritain, con quien probablemente comparte más de una certeza. Abundan las ocasiones en que el autor expresa su amor a la Iglesia y de este modo se acerca a la figura del Padre Llorente, a la Acción Católica, a Juan Pablo II y Benedicto XVI. Su arraigado sentido de la justicia le conmina a escribir el artículo titulado "Hablemos de la Iglesia católica", donde responde a su colega Andrés Reynaldo y reivindica la labor de la Iglesia que peregrina en Cuba; este mismo anhelo de justicia motiva su carta al Cardenal Bertone donde fraternalmente le reclama un gesto de solidaridad pública con los opositores cubanos.

"Retos del Periodismo" nos deja un legado de excelencia periodística, de ética, en una profesión a menudo envenenada por la corrupción y los protagonismos malsanos. Müller nos regala un modo de hacer periodismo que nos invita a discrepar o coincidir sin perder la confianza en quien escribe. Los invito a leer este libro, sobre todo invito a los hombres y mujeres de mi generación, que buscamos a tientas la verdad, que nacimos cuando el autor rezaba, en el presidio político, sus mejores sueños.

2 de noviembre de 2008

Meditación


Cuando me gana la rabia dejo de ser
o acaso soy el otro,
ese que lucha contra mí,
siempre conmigo.

La rabia y el dolor vienen de la herida,
todas las criaturas del odio vienen de allí.

Hay heridas que sanan;
otras quedan más o menos abiertas
y alguna vez avisan
al lobo que también nos habita.

Yo no quise la herida,
nadie la quiso,
pero ahí está
para existir con ella.

E.M.
Miami, 2008