Un perro tuerto y negro dormitaba en el quicio de la escuela, los perros de la calle respetaban su parada de mastín, sus colmillos nuevos. Miraba, con su único ojo, a los borrachines de la “Favorita”: el Alcalde, Pepé, Piedra con su laúd y un mulato viejo -tuerto como él- que le traía comida y lo amparaba.
Aquellos hombres dejaban las tardes a la orilla del bar, bebían “Coronilla”: un aguardiente que no daba resaca. Alguna vez bebí con ellos ese mismo aguardiente y un vodka ruso de nombre “Stolichnaya”; ya todos están muertos, dormidos en la niebla del ojo sano de aquel perro negro.
Ayer estuve mirando fotos viejas. No estaba sucio el edificio, las ventanas aún se podían cerrar, en el curado barril de manteca los peces agradecían su intimidad de agua verde. Dormíamos en paz, nadie se había marchado, el viejo no era viejo…
Las nubes pasan, la azotea infinita en losas rojas es el mejor lugar para la brisa -una brisa que ustedes no conocen porque sólo pasaba por mi casa-. Hace mucho que no miro las nubes, caprichosas figuras de otro niño.
Aquel perro murió y se lo llevaron en un saco de yute, el caballito de papier maché -que también era un perro- se disolvió en distintos aguaceros. El agua que corría por mi calle llegó al mar, el mar viejo y profundo como un presagio de la eternidad.
Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/
31 de marzo de 2010
23 de marzo de 2010
Los obispos cubanos: entre el riesgo y la espera
Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com
Cuando el cadáver de Fidel cayó en coma y la sucesión se hizo inevitable, el episcopado cubano optó por darle un voto de confianza a Raúl Castro. El anuncio de la sucesión coincidió con la visita del Secretario de Estado Vaticano Don Tarsicio Bertone. Los obispos cubanos, liderados por Don Tarsicio, presentaron sus respetos y sus mejores deseos al General sin batallas, augurándole un buen gobierno y ofreciéndole su colaboración en materias afines. Es discutible el gesto, innecesariamente sobreactuado por Don Tarsicio, pero se puede comprender la postura de los obispos cubanos ante el gobernante de facto. ¿Para qué comenzar peleando con él antes de despejar las posibles incógnitas de su mandato?
El tiempo ha pasado y las expectativas no se han cumplido, Raúl Castro ha ignorado la oportunidad de redención que le ha dado la historia; no ha querido ser otra cosa que un déspota sanguinario, un segundón atrapado en los designios del Máximo Líder. El asesinato de Zapata Tamayo, la crónica de una muerte anunciada por Guillermo Fariñas y la estatura moral de las Damas de Blanco han conmovido a la opinión pública internacional y la condena al castrismo se torna unánime.
Ya nada indica que Raúl Castro vaya a acometer reforma alguna y los signos vitales de la sociedad cubana revelan la posibilidad del colapso. Ante tal escenario, la Iglesia continúa recurriendo a una supuesta voluntad reformista del hermano menor del Comandante, se abstiene de condenar la muerte de Zapata Tamayo e ignora las huelgas de hambre en curso y las protestas recientes. Es cierto que en los últimos años se han conseguido ampliar y reforzar muchos empeños pastorales y asistenciales, el más notable de ellos: el acceso a las cárceles. Pequeñas guarderías, comedores, aulas y centros de formación florecen a lo ancho y largo de la Isla, una labor que beneficia a la Cuba presente y la futura, un aporte en el ámbito de la educación cívica y los valores que no debemos soslayar cualquiera que sea nuestro signo político.
Amén de estos logros la entrada de religiosas y sacerdotes al país permanece controlada, continúa vedado el acceso a los medios de comunicación y lo que es más grave: el Castrismo de Raúl también se niega al reconocimiento institucional de la Iglesia, se niega a aceptar que la misma proponga y desee formar parte de un debate sobre el futuro de la Nación Cubana. Así lo demuestran, una vez más, con el ataque a un grupo de colaboradores de la revista diocesana Espacio Laical por parte del jurista Roberto Fernández García en la página web de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Según Roberto Veiga, editor de Espacio Laical “ resulta penoso que un espacio cultural de debate tan importante, como lo es el sitio Web de la UNEAC, se preste para hacer público tales difamaciones contra un grupo de cubanos que sólo ha intentado contribuir al debate nacional en la búsqueda de mejores soluciones para perfilar cada vez más nuestro sistema sociopolítico”. La razón de este nuevo ataque es muy simple, para los cadáveres de Fidel y Raúl el futuro no existe. La Iglesia es tolerada como un mal menor pero no cuentan con ella, y por eso de vez en cuando, algún vocero, de mayor o menor importancia, le recuerda cuáles son sus límites.
¿Continuarán los obispos la estrategia fallida del tontorrón Moratinos, del locuaz cardenal Bertone o asumirán el riesgo de reeditar la Carta “El Amor todo lo espera”? ¿Tendrán la valentía de denunciar los crímenes de hoy como denunciaron el cometido con las víctimas del Remolcador 13 de Marzo o habrá más cartas lastimosas como la escrita ante la muerte de Zapata Tamayo?
A los obispos de hoy les toca escoger entre arriesgarlo todo o conservar lo conseguido, difícil situación para unos hombres que han pasado la vida peleando los centímetros de un espacio que el régimen no ha estado dispuesto a ceder. En esta disyuntiva yo me inclino a pensar que el riesgo merece la pena, existe un imperativo moral y el peligro evidente de que si las cosas continúan así, poca cosa podremos conservar a no ser una ingente cantidad de cadáveres. No obstante a eso son ellos los que están en el filo de esa navaja, son ellos los que permanecen en esa Isla nuestra que vive en un perenne peligro de naufragio.
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Cuando el cadáver de Fidel cayó en coma y la sucesión se hizo inevitable, el episcopado cubano optó por darle un voto de confianza a Raúl Castro. El anuncio de la sucesión coincidió con la visita del Secretario de Estado Vaticano Don Tarsicio Bertone. Los obispos cubanos, liderados por Don Tarsicio, presentaron sus respetos y sus mejores deseos al General sin batallas, augurándole un buen gobierno y ofreciéndole su colaboración en materias afines. Es discutible el gesto, innecesariamente sobreactuado por Don Tarsicio, pero se puede comprender la postura de los obispos cubanos ante el gobernante de facto. ¿Para qué comenzar peleando con él antes de despejar las posibles incógnitas de su mandato?
El tiempo ha pasado y las expectativas no se han cumplido, Raúl Castro ha ignorado la oportunidad de redención que le ha dado la historia; no ha querido ser otra cosa que un déspota sanguinario, un segundón atrapado en los designios del Máximo Líder. El asesinato de Zapata Tamayo, la crónica de una muerte anunciada por Guillermo Fariñas y la estatura moral de las Damas de Blanco han conmovido a la opinión pública internacional y la condena al castrismo se torna unánime.
Ya nada indica que Raúl Castro vaya a acometer reforma alguna y los signos vitales de la sociedad cubana revelan la posibilidad del colapso. Ante tal escenario, la Iglesia continúa recurriendo a una supuesta voluntad reformista del hermano menor del Comandante, se abstiene de condenar la muerte de Zapata Tamayo e ignora las huelgas de hambre en curso y las protestas recientes. Es cierto que en los últimos años se han conseguido ampliar y reforzar muchos empeños pastorales y asistenciales, el más notable de ellos: el acceso a las cárceles. Pequeñas guarderías, comedores, aulas y centros de formación florecen a lo ancho y largo de la Isla, una labor que beneficia a la Cuba presente y la futura, un aporte en el ámbito de la educación cívica y los valores que no debemos soslayar cualquiera que sea nuestro signo político.
Amén de estos logros la entrada de religiosas y sacerdotes al país permanece controlada, continúa vedado el acceso a los medios de comunicación y lo que es más grave: el Castrismo de Raúl también se niega al reconocimiento institucional de la Iglesia, se niega a aceptar que la misma proponga y desee formar parte de un debate sobre el futuro de la Nación Cubana. Así lo demuestran, una vez más, con el ataque a un grupo de colaboradores de la revista diocesana Espacio Laical por parte del jurista Roberto Fernández García en la página web de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba. Según Roberto Veiga, editor de Espacio Laical “ resulta penoso que un espacio cultural de debate tan importante, como lo es el sitio Web de la UNEAC, se preste para hacer público tales difamaciones contra un grupo de cubanos que sólo ha intentado contribuir al debate nacional en la búsqueda de mejores soluciones para perfilar cada vez más nuestro sistema sociopolítico”. La razón de este nuevo ataque es muy simple, para los cadáveres de Fidel y Raúl el futuro no existe. La Iglesia es tolerada como un mal menor pero no cuentan con ella, y por eso de vez en cuando, algún vocero, de mayor o menor importancia, le recuerda cuáles son sus límites.
¿Continuarán los obispos la estrategia fallida del tontorrón Moratinos, del locuaz cardenal Bertone o asumirán el riesgo de reeditar la Carta “El Amor todo lo espera”? ¿Tendrán la valentía de denunciar los crímenes de hoy como denunciaron el cometido con las víctimas del Remolcador 13 de Marzo o habrá más cartas lastimosas como la escrita ante la muerte de Zapata Tamayo?
A los obispos de hoy les toca escoger entre arriesgarlo todo o conservar lo conseguido, difícil situación para unos hombres que han pasado la vida peleando los centímetros de un espacio que el régimen no ha estado dispuesto a ceder. En esta disyuntiva yo me inclino a pensar que el riesgo merece la pena, existe un imperativo moral y el peligro evidente de que si las cosas continúan así, poca cosa podremos conservar a no ser una ingente cantidad de cadáveres. No obstante a eso son ellos los que están en el filo de esa navaja, son ellos los que permanecen en esa Isla nuestra que vive en un perenne peligro de naufragio.
14 de marzo de 2010
El Carnaval de la Calle 8
Por Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/
Habrá personas que al leer estas líneas pensarán que estoy exagerando, que el Carnaval es un evento cultural que beneficia el empleo y el comercio, que a la gente le gusta salir a divertirse y está en su derecho de hacerlo, la vida no es sólo obligaciones y trabajo. Ese puede ser el sentir de muchos o de algunos.
No voy al Carnaval de la Calle 8 porque no tengo deseos de cumbanchear mientras en Cuba hay personas en huelga de hambre reclamando el derecho de todos. Prescindir de lo superfluo es lo menos que puedo hacer por ellos y por mí. Su sacrificio me recuerda que tengo el deber moral de ser solidario, de comunicar que sí me importa lo que les pueda ocurrir. Es verdad que siempre hubo presos, vejaciones, huelgas y nuestras vidas continuaban; pero la muerte de Zapata Tamayo, la huelga de Fariñas y los acontecimientos que están teniendo lugar han puesto a Cuba, por primera vez en cincuenta y un años, ante la mirada compasiva del mundo. Que no sea esquiva nuestra mirada por comodidad o apatía.
Siempre me he lamentado de que nadie escuchaba, de que nadie se interesaba realmente en el drama de un pueblo secuestrado por dos delincuentes con aureola de revolucionarios. Me he quejado muchas veces, con amargura, de este secuestro que ha sido posible gracias a la complicidad de muchos, antes y ahora, dentro y fuera de Cuba. Hoy, cuando la prensa comienza a tratar a los Castro y a su régimen como merecen, cuando los parlamentos comienzan a utilizar el lenguaje adecuado para esta dictadura, yo, que me he lamentado siempre de nuestra suerte, no voy a obrar con frivolidad.
Vivir es optar, decidir bien o mal ante esto o aquello. Nuestras vidas confortables, a pesar de la crisis, son vidas de reyes en comparación con las vidas de otros. No es mi intención orientar a nadie sobre lo que debe hacer, pero tengo el derecho de decir que no voy al Carnaval de la Calle 8, que no me parece correcto fiestear mientras hay cubanos en huelga de hambre, como último y supremo recurso para conseguir que el régimen respete su dignidad. No perdamos una buena ocasión de demostrarles a nuestros hermanos que nos interesa su suerte y que el mundo vea que tenemos vergüenza, que nuestras quejas no han sido vanas porque el dolor es cierto.
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Habrá personas que al leer estas líneas pensarán que estoy exagerando, que el Carnaval es un evento cultural que beneficia el empleo y el comercio, que a la gente le gusta salir a divertirse y está en su derecho de hacerlo, la vida no es sólo obligaciones y trabajo. Ese puede ser el sentir de muchos o de algunos.
No voy al Carnaval de la Calle 8 porque no tengo deseos de cumbanchear mientras en Cuba hay personas en huelga de hambre reclamando el derecho de todos. Prescindir de lo superfluo es lo menos que puedo hacer por ellos y por mí. Su sacrificio me recuerda que tengo el deber moral de ser solidario, de comunicar que sí me importa lo que les pueda ocurrir. Es verdad que siempre hubo presos, vejaciones, huelgas y nuestras vidas continuaban; pero la muerte de Zapata Tamayo, la huelga de Fariñas y los acontecimientos que están teniendo lugar han puesto a Cuba, por primera vez en cincuenta y un años, ante la mirada compasiva del mundo. Que no sea esquiva nuestra mirada por comodidad o apatía.
Siempre me he lamentado de que nadie escuchaba, de que nadie se interesaba realmente en el drama de un pueblo secuestrado por dos delincuentes con aureola de revolucionarios. Me he quejado muchas veces, con amargura, de este secuestro que ha sido posible gracias a la complicidad de muchos, antes y ahora, dentro y fuera de Cuba. Hoy, cuando la prensa comienza a tratar a los Castro y a su régimen como merecen, cuando los parlamentos comienzan a utilizar el lenguaje adecuado para esta dictadura, yo, que me he lamentado siempre de nuestra suerte, no voy a obrar con frivolidad.
Vivir es optar, decidir bien o mal ante esto o aquello. Nuestras vidas confortables, a pesar de la crisis, son vidas de reyes en comparación con las vidas de otros. No es mi intención orientar a nadie sobre lo que debe hacer, pero tengo el derecho de decir que no voy al Carnaval de la Calle 8, que no me parece correcto fiestear mientras hay cubanos en huelga de hambre, como último y supremo recurso para conseguir que el régimen respete su dignidad. No perdamos una buena ocasión de demostrarles a nuestros hermanos que nos interesa su suerte y que el mundo vea que tenemos vergüenza, que nuestras quejas no han sido vanas porque el dolor es cierto.
13 de marzo de 2010
La cosa
Por Eduardo Mesa
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Parece que la cosa se está poniendo mala, o peor, porque nunca hubo una moratoria para recoger armas de la calle, ni un play off de la serie nacional de beisbol por invitación. ¿Cuántos fusiles AK 47, cuántas pistolas modelo Makarov estarán escondidas en los solares y en los “llega y pon”, cuántas están en manos que ya no son confiables? Industriales y Habana tendrán que jugar en un pequeño estadio en San José de Las Lajas. La calle está caliente y es mejor evitar las aglomeraciones de público aunque sea en la pelota, los del D.O.R. con sus reportes diarios han alertado a la Seguridad del Estado.
El Departamento de Orientación Revolucionaria cultiva una subespecie de chivatones hormiga que salen cada día a tomar el pulso, a medir la temperatura de destemplanza o fiebre en la ciudadanía. Migdalia era del D.O.R., salía temprano con su pantalón de láster a montarse en las guaguas, a pegarse a los kioscos de prensa, a chacharear un rato en la bodega, era una mosca o una cucaracha, fue injusto de mi parte comparar su laboriosidad con la de una hormiga. La gente va cogiendo el rostro de su oficio, por eso hay quien tiene cara de médico o de cura, la cara de informante del D.O.R. también existe.
Migdalia tenía instrucciones precisas de no salir al paso a ninguna manifestación contrarrevolucionaria, no tenía que identificar al enojado ciudadano que se cagaba en la madre del Comandante en Jefe, para eso estaban otros, lo suyo era un reporte anónimo sobre las expresiones más comunes de disgusto y de rabia, dicho reporte incluía también observaciones sobre el lenguaje corporal de mujeres y hombres. Le pagaban sólo por eso, pero algunos vecinos sospechaban que ella no se limitaba a llenar cuestionarios y ejercía la chivatería a tiempo completo. Migdalia tenía hijos de un primer matrimonio, eran los más gusanos de una cuadra repleta de gusanos. Su segundo marido era un oficial de rango medio, vestido de aguacate todo el día, sin saludar a nadie.
Todos los hijos de Migdalia se han ido, viven en New York con su papá, un próspero empresario cubano americano. Migdalia se quedó sola con su marido, que ahora es oficial jubilado. Todavía sale a recorrer las calles, nadie sabe si es hábito u oficio lo que la impulsa a dar tan largas caminatas. Los que la conocieron en sus años de gloria la tratan con cuidado, sus hijos le mandan ropa, medicinas, dinero para mitigar la pobreza en que vive a pesar de su extensa hoja de servicios. Ella, aunque los retuvo en aquel infierno hasta que fueron mayores, sigue siendo su madre.
Al play off de Industriales y Habana no irán los fanáticos de siempre, el estadio de San José de las Lajas se llenará de trabajadores destacados del Blas Roca, militantes del partido o la tropa de choque del momento. La Habana está caliente, hay pistolas y fusiles perdidos que nadie va a entregar.
“La cosa” se está yendo de las manos, es la muerte de Zapata Tamayo, negro, pobre, indefenso; son las muertes que esperan en una lista que amenaza con hacerse larga, perdónenme que insista: la cosa se está poniendo mala, la gente está cansada de vivir sin futuro, los de arriba lo saben, los informantes del D.O.R. ya han avisado.
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Parece que la cosa se está poniendo mala, o peor, porque nunca hubo una moratoria para recoger armas de la calle, ni un play off de la serie nacional de beisbol por invitación. ¿Cuántos fusiles AK 47, cuántas pistolas modelo Makarov estarán escondidas en los solares y en los “llega y pon”, cuántas están en manos que ya no son confiables? Industriales y Habana tendrán que jugar en un pequeño estadio en San José de Las Lajas. La calle está caliente y es mejor evitar las aglomeraciones de público aunque sea en la pelota, los del D.O.R. con sus reportes diarios han alertado a la Seguridad del Estado.
El Departamento de Orientación Revolucionaria cultiva una subespecie de chivatones hormiga que salen cada día a tomar el pulso, a medir la temperatura de destemplanza o fiebre en la ciudadanía. Migdalia era del D.O.R., salía temprano con su pantalón de láster a montarse en las guaguas, a pegarse a los kioscos de prensa, a chacharear un rato en la bodega, era una mosca o una cucaracha, fue injusto de mi parte comparar su laboriosidad con la de una hormiga. La gente va cogiendo el rostro de su oficio, por eso hay quien tiene cara de médico o de cura, la cara de informante del D.O.R. también existe.
Migdalia tenía instrucciones precisas de no salir al paso a ninguna manifestación contrarrevolucionaria, no tenía que identificar al enojado ciudadano que se cagaba en la madre del Comandante en Jefe, para eso estaban otros, lo suyo era un reporte anónimo sobre las expresiones más comunes de disgusto y de rabia, dicho reporte incluía también observaciones sobre el lenguaje corporal de mujeres y hombres. Le pagaban sólo por eso, pero algunos vecinos sospechaban que ella no se limitaba a llenar cuestionarios y ejercía la chivatería a tiempo completo. Migdalia tenía hijos de un primer matrimonio, eran los más gusanos de una cuadra repleta de gusanos. Su segundo marido era un oficial de rango medio, vestido de aguacate todo el día, sin saludar a nadie.
Todos los hijos de Migdalia se han ido, viven en New York con su papá, un próspero empresario cubano americano. Migdalia se quedó sola con su marido, que ahora es oficial jubilado. Todavía sale a recorrer las calles, nadie sabe si es hábito u oficio lo que la impulsa a dar tan largas caminatas. Los que la conocieron en sus años de gloria la tratan con cuidado, sus hijos le mandan ropa, medicinas, dinero para mitigar la pobreza en que vive a pesar de su extensa hoja de servicios. Ella, aunque los retuvo en aquel infierno hasta que fueron mayores, sigue siendo su madre.
Al play off de Industriales y Habana no irán los fanáticos de siempre, el estadio de San José de las Lajas se llenará de trabajadores destacados del Blas Roca, militantes del partido o la tropa de choque del momento. La Habana está caliente, hay pistolas y fusiles perdidos que nadie va a entregar.
“La cosa” se está yendo de las manos, es la muerte de Zapata Tamayo, negro, pobre, indefenso; son las muertes que esperan en una lista que amenaza con hacerse larga, perdónenme que insista: la cosa se está poniendo mala, la gente está cansada de vivir sin futuro, los de arriba lo saben, los informantes del D.O.R. ya han avisado.
1 de marzo de 2010
Carta abierta del Panga, amigo de Yeyito el pintor, sobre los cinco espías y las licencias de la Ciudad de Miami
Estimados compatriotas:
La justicia Americana debía revisar el caso de los cinco “héroes”, espías de Fidel Castro. Mi socio Yeyito el pintor, estaba presente el día que ellos solicitaron en la Ciudad la licencia para espiar y los burócratas no se la dieron. Es verdad que no les dijeron “no se la vamos a dar” pero les pidieron pruebas de que habían trabajado durante dos años para una compañía y un afidávit de un contratista. ¿Y qué Agencia de Inteligencia te va a dar pruebas de que tú trabajas con ellos? ¿Qué espía le va a dar un afidávit a otro espía? Son las cosas de la burocracia que está matando a este país.
Yeyito lo sabe porque él lo presenció todo y después cuando entró a la oficina de la Ciudad para solicitar una licencia de pintor de brocha gorda le dieron las mismas planillas que a los espías; cuando preguntó si eso era todo le respondieron que esos requisitos no significaban que el otorgamiento de la licencia fuera algo seguro: el Board tenía que reunirse dentro de tres meses y examinar las solicitudes de licencias.
Todos salieron de allí cabizbajos: Yeyito y los trescientos cuarenta y cinco espías que estaban pidiendo su licencia ese día, de los cuales cinco están presos, diez colaboran con la justicia americana y los otros trescientos treinta están en la calle y ejercen el oficio por la izquierda. Mi amigo Yeyito y los espías contemplaron en aquella ocasión la posibilidad de comprar las pruebas de que trabajaron durante dos años para una compañía y comprar también el afidávit, pero eso les pareció una ilegalidad aun mayor que pintar y espiar por su cuenta.
Es por eso, estimados compatriotas, que espías y pintores andan con los carros sin rotular, es nuestro deber acabar con esta carga de regulaciones para que las pequeñas empresas salgan adelante, para que los espías puedan realizar su trabajo legalmente. El pobre Yeyito está angustiado con esto, el otro día fue a dar un presupuesto en Coral Gables y enseguida tenía un inspector al lado. Oiga, si las agencias de inteligencia trabajaran con la eficacia de los inspectores de Coral Gables yo le aseguro a usted que aquí no espiaba nadie. Ni te digo de los que ponen bombitas, ni cosas por el estilo; con los inspectores de la Ciudad estaban presos ya.
La gente en Cuba no sabe lo difícil que es esto, hasta para chivatear hay que tener licencia. Cuando uno esta allá lo ve todo muy fácil, pero en Miami sí hay papeleo para cualquier cosa. Por no cumplir con el debido papeleo es que los cinco espías han tenido problemas con la justicia. No se registraron en el Condado y sin licencia no se puede espiar, ni pintar, ni “pressure cleaner”, ni nada de nada.
Pero bueno yo no voy a seguir echándole a esto, porque aunque aquí hay sus trabas al final se resuelve, lo que pasa es que le vamos cogiendo el gusto a quejarnos. Cuando estábamos en Cuba no había pintura y si no anuncian pronto que Fidel se murió no va a quedar nada que pintar, eso sin entrar en el tema del espionaje, que si te cogen espiando allí vas a saber lo que es pan de piquito.
En fin compatriotas, por este medio los estoy exhortando para que hagan llegar sus protestas a Tallahase, que los políticos terminen de una vez con los abusos de la burocracia; a ver si se pueden conseguir las licencias sin tanta dificultad y el pobre Yeyito resuelve.
Por lo pronto los cinco espías van a seguir presos, ese es el riesgo que uno corre cuando hace las cosas sin licencia; es verdad que ellos cumplían órdenes, pero todos sabemos el dicho desde que éramos niños: “tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le amarra la pata”.
Sin otro particular
El Panga, amigo de Yeyito el pintor.
Eduardo Mesa
http://www.lacasacuba.com/
La justicia Americana debía revisar el caso de los cinco “héroes”, espías de Fidel Castro. Mi socio Yeyito el pintor, estaba presente el día que ellos solicitaron en la Ciudad la licencia para espiar y los burócratas no se la dieron. Es verdad que no les dijeron “no se la vamos a dar” pero les pidieron pruebas de que habían trabajado durante dos años para una compañía y un afidávit de un contratista. ¿Y qué Agencia de Inteligencia te va a dar pruebas de que tú trabajas con ellos? ¿Qué espía le va a dar un afidávit a otro espía? Son las cosas de la burocracia que está matando a este país.
Yeyito lo sabe porque él lo presenció todo y después cuando entró a la oficina de la Ciudad para solicitar una licencia de pintor de brocha gorda le dieron las mismas planillas que a los espías; cuando preguntó si eso era todo le respondieron que esos requisitos no significaban que el otorgamiento de la licencia fuera algo seguro: el Board tenía que reunirse dentro de tres meses y examinar las solicitudes de licencias.
Todos salieron de allí cabizbajos: Yeyito y los trescientos cuarenta y cinco espías que estaban pidiendo su licencia ese día, de los cuales cinco están presos, diez colaboran con la justicia americana y los otros trescientos treinta están en la calle y ejercen el oficio por la izquierda. Mi amigo Yeyito y los espías contemplaron en aquella ocasión la posibilidad de comprar las pruebas de que trabajaron durante dos años para una compañía y comprar también el afidávit, pero eso les pareció una ilegalidad aun mayor que pintar y espiar por su cuenta.
Es por eso, estimados compatriotas, que espías y pintores andan con los carros sin rotular, es nuestro deber acabar con esta carga de regulaciones para que las pequeñas empresas salgan adelante, para que los espías puedan realizar su trabajo legalmente. El pobre Yeyito está angustiado con esto, el otro día fue a dar un presupuesto en Coral Gables y enseguida tenía un inspector al lado. Oiga, si las agencias de inteligencia trabajaran con la eficacia de los inspectores de Coral Gables yo le aseguro a usted que aquí no espiaba nadie. Ni te digo de los que ponen bombitas, ni cosas por el estilo; con los inspectores de la Ciudad estaban presos ya.
La gente en Cuba no sabe lo difícil que es esto, hasta para chivatear hay que tener licencia. Cuando uno esta allá lo ve todo muy fácil, pero en Miami sí hay papeleo para cualquier cosa. Por no cumplir con el debido papeleo es que los cinco espías han tenido problemas con la justicia. No se registraron en el Condado y sin licencia no se puede espiar, ni pintar, ni “pressure cleaner”, ni nada de nada.
Pero bueno yo no voy a seguir echándole a esto, porque aunque aquí hay sus trabas al final se resuelve, lo que pasa es que le vamos cogiendo el gusto a quejarnos. Cuando estábamos en Cuba no había pintura y si no anuncian pronto que Fidel se murió no va a quedar nada que pintar, eso sin entrar en el tema del espionaje, que si te cogen espiando allí vas a saber lo que es pan de piquito.
En fin compatriotas, por este medio los estoy exhortando para que hagan llegar sus protestas a Tallahase, que los políticos terminen de una vez con los abusos de la burocracia; a ver si se pueden conseguir las licencias sin tanta dificultad y el pobre Yeyito resuelve.
Por lo pronto los cinco espías van a seguir presos, ese es el riesgo que uno corre cuando hace las cosas sin licencia; es verdad que ellos cumplían órdenes, pero todos sabemos el dicho desde que éramos niños: “tanta culpa tiene el que mata la vaca como el que le amarra la pata”.
Sin otro particular
El Panga, amigo de Yeyito el pintor.
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