Acabo de
leer en el blog del escritor y ensayista Enrique del Risco (Enrisco) una
exhaustiva reseña sobre la conferencia
que ofreció el Sr. Roberto Veiga, editor de Espacio Laical, en el Bildner Center de Nueva York. Las consideraciones de Enrisco, que invito a
leer con detenimiento, me han hecho recordar que hace unos meses los editores
de Espacio Laical publicaron un editorial titulado “Rectificar el rumbo” donde
se abordaban los mismos tópicos que ahora
se reseñan.
En dicho editorial
los señores que se ocupan de Espacio Laical
invitaban al gobierno cubano a “rectificar el rumbo” desde una curiosa perspectiva: “sería inconveniente contener la esperanza en los grandes cambios y dejar pasar el tiempo para que otros, más adelante, sean quienes
los lleven a cabo”.
No quedaba
claro en el texto por qué sería “inconveniente” que “otros” hagan los cambios.
Inconveniente para quién, faltó por aclarar a los editores de Espacio, que se
expresaban como si tuvieran alguna garantía de que Raúl y sus allegados harían
los cambios y los harían bien. Garantía de unos
cambios hacia la “democracia” que emanaba de la
evidente confianza que estos editores tienen
en Raúl Castro, devenido en la “única” esperanza
para alcanzar dichos cambios.
Este enfoque
de Espacio Laical, que se reitera en la conferencia de Veiga, me produce cierta perplejidad, porque
si bien la Iglesia se ha dirigido a los que gobiernan en Cuba con
exigencias que evitaban el franco desafío, nunca antes ninguno de sus voceros
lo había hecho desde la perspectiva de que es el dictador el único
“conveniente” para realizar los cambios que conduzcan a Cuba
por el camino de la prosperidad y la democracia. La conferencia del Sr.
Veiga, que al ser el editor de una publicación de carácter eclesial privado,
habla también a nombre de la Iglesia, parece confirmar que esta confianza
ilimitada en Raúl Castro es el eje de una estrategia que ensayan algunos. Una
estrategia, que dicho sea de paso, no creo que compartan la mayoría de los
laicos, religiosas, sacerdotes y obispos de la Isla.
Es
preciso señalar que algunas de las ideas expresadas por estos editores en
“Rectificar el rumbo” indicaban, que además de “confiar” en el General Presidente, también persistía una relativa “esperanza” en el llamado sector
reformista (que probablemente existe pero que aún no conocemos) y en alguna
medida en ellos mismos, los editores de Espacio Laical, que de un modo impreciso
se incluían en la fórmula. Por eso, con un extraño lenguaje para una revista
católica, se apuntaba en aquella ocasión que “cualquier reforma
que aspire a trascender tiene que pasar por la innovación política, y esta
última no ocurrirá si no comienza por el PCC, organización llamada a liderar
los cambios que hemos de realizar”. (El subrayado es mío)
Pero esto no
es todo, los editores de Espacio Laical y el Sr. Veiga, también expresan con cierta frecuencia
una conmovedora confianza en la renovación de algo que llaman “Pacto Social”,
cosa que no sabemos si existió alguna vez, pero que ellos dan por cierto con
una fe casi religiosa. Según estos señores ese “Pacto Social”, que se forjó entre
la ciudadanía y la Revolución, ha permanecido con sus más y sus menos durante
estos fatigosos cincuenta y tres años. Como es natural, ese “Pacto Social” ya
está un poco maltrecho y tiene que renovarse por el bien de la nación. Aunque
la renovación de esa ficción política no ha ocurrido (nada hace pensar que la
nación o Raúl Castro quieran renovar el supuesto pacto) Veiga y sus colegas
están convencidos de la necesidad de hacerlo. No me asombra, por tanto, que el Sr. Veiga nos ofrezca la
certeza que los cubanos de la Isla preferirían una “solución de izquierdas”.
Estos
señores, que confían en tiranos como Raúl Castro y en abstracciones como la
supuesta renovación del Pacto Social, nunca
han confiado en los demócratas cubanos que se oponen de un modo pacífico a esa
tiranía. Esos sujetos “inoportunos” reclaman sus derechos ante un gobierno
totalitario y a veces, hasta se atreven a criticar a la Iglesia
Católica. Un grupo de “majaderos” que disgusta a estos editores y los
distrae de su “misión orientadora” en distintos foros eclesiales.
Su probada fe
en tantísimas cuestiones tampoco les alcanza para esa realidad heterogénea que
llamamos Exilio, porque los exiliados casi somos peores que el gobierno cubano,
de un tiempo a esta parte enfundado de “buenas intenciones”.
Y es que para
los editores de Espacio Laical los que vivimos de este lado del charco somos en
general una amalgama de nostálgicos pendencieros; una pandilla de plattistas
liberales, socialdemócratas y democristianos que hemos de purificarnos en la
humillación de las horcas caudinas auspiciadas por algún nuevo delirio.
Estos editores
de Espacio Laical también se han caracterizado por ensayar y exigir a los demás
la “crítica bondadosa” hacia el gobierno cubano. Esta modalidad crítica, que
ellos asumen con presteza, se pudiera resumir
con un “queremos echarte una mano
compatriota Raúl”. Algo que parecen anhelar desde sus páginas a menudo
difíciles y sus frecuentes alocuciones. Lo que sí es evidente es que ellos han
puesto grandes expectativas en la sucesión y han contribuido de un modo notable
a propagar el espejismo de unos cambios, que hasta el día de hoy, no pasan de
ser frágiles reformas revocables. Todavía ubican en un lugar indefinido la
trabazón de dichas reformas y el mismo Veiga insiste sin recato en la voluntad
reformista de altas instancias del gobierno cubano y en el mismísimo Raúl
Castro. Le zumba el mango.
No obstante,
se traslucía cierta frustración en aquel
editorial que invitaba a rectificar el rumbo pocas semanas antes de algún congreso
raulista. Es comprensible esa frustración, pasan los meses y no hay cambio
sustancial en la Isla, ni siquiera la visita del Papa marcó la excepción para los
déspotas que gobiernan en Cuba.
Quizás los
editores de Espacio Laical y sus auspiciadores lleguen a comprender alguna vez que
su excesiva confianza en los “cambios” de la Familia Castro los puede convertir
en parte de la farsa. Asistimos a la refundación de la tiranía. Raúl no manifiesta mayores señales de
necesitar la ayuda de nadie, ni siquiera de estos “intelectuales católicos” que
afirman con energía su voluntad de evitar a toda costa el derrocamiento, sea
por medios violentos o pacíficos, de esa tiranía que los desprecia. Es
probable que el tiempo regale a los editores de Espacio una lección al margen
de lo aprendido en el rigor de la academia: los Castro sólo rectifican el rumbo
los milímetros necesarios para mantenerse en el poder. Las reformas que anhelan
los impacientes editores implicarían la pérdida del poder absoluto y esa
variable no entra en el plan de la familia Castro-Ruz-Espín y allegados.
Así,
desde la opción que esta revista asume, y que el Sr. Veiga reitera en su
conferencia, no se percibe otro remedio
que alertar y esperar, esperar y alertar a las altas instancias del gobierno,
con infinita paciencia, hasta que el Partido –entiéndase Raúl Castro o su
sucesor dinástico- ejecute “el milagro”.
Mucha
confianza en un poder de este mundo expresan los editores de Espacio Laical con
el Sr. Roberto Veiga a la cabeza, olvidando acaso que sus palabras no sólo los representan a ellos sino al Consejo
de Laicos de la Arquidiócesis de La Habana y de algún modo a la Iglesia cubana;
aunque reitero, con base en más de una evidencia, que no creo que los planteamientos del Sr.
Veiga y Espacio Laical sean compartidos por la mayoría de los laicos,
religiosas, sacerdotes y obispos de la Isla.
La triste esperanza que ofrecen estos editores nada
tiene que ver con la Iglesia cubana. Una Iglesia que peregrina en Cuba
anunciando la Verdad y propiciando el encuentro de muchos cubanos con el Dios de la Historia;
ese que nos convida a la auténtica libertad,
perdona nuestra arrogancia y desmiente nuestras certezas con frecuencia.
Él tiene en sus manos misericordiosas el presente y el futuro. Él siempre
permite modificar el rumbo de nuestras vidas, más aún si se trata del rumbo de una
revista católica.